El secretario general George Robertson logra restablecer el diálogo entre los aliados y el Kremlin, pero sin eliminar los recelos El secretario general de la OTAN, George Robertson, logró ayer en Moscú normalizar las relaciones con Rusia, congeladas desde la intervención bélica aliada contra Yugoslavia, y abrir por fin una oficina de enlace en la capital rusa, pero no consiguió hacer que los dirigentes del Kremlin se traguen la píldora de una nueva ampliación de la Alianza Atlántica. Como contrapartida, el ministro de Defensa, mariscal Igor Serguéyev, le propuso formalmente a Robertson la creación de un escudo antimisiles conjunto para toda Europa y alternativo al de EE UU, explicado por el presidente Vladimir Putin como medida para generar «confianza» en Europa.
RAFAEL M. MAÑUECO. Colpisa