Los regidores de Pontevedra, Caldas, Cuntis y Moraña enterraron su actitud beligerante frente a algunos proyectos Cinco mil millones de razones tiene el alcalde de Pontevedra. Unos tres mil, sus homólogos de Caldas de Reis, de Cuntis y Moraña. Mil, el de Poio. Cuatro mil, el regidor de Marín. El conselleiro de Obras Públicas, Xosé Cuiña, distribuye compromisos. ¿Y qué niño no se ilusiona con la visita de Papá Noel? Al margen de la irreductible Vilaboa, Lores, Tobío, Eiras, Rey, Sobral y Santiago, hoy por hoy, se portan bien. Y eso que los cuatro primeros lideraron en su día enconados movimientos contrarios a las tesis del conselleiro. Ahora, el tren a Marín sólo puede pasar por el medio y medio de la plaza de Os Praceres y el embalse del Umia tampoco resulta tan impactante. La diplomacia de Luciano Sobral parece extenderse; Antonio Santiago, desde que discutió con Fraga y reclamó a Cuiña que devolviera una medalla hace ya bastante más de un lustro, espera en silencio.
RICARDO MARTÍN