El autor rememora una estancia en el establecimiento, donde yantó en la misma mesa que don Ramón y su menú preferido He tenido en la vida, gracias a Dios, plurales, dilatados, profundos y leales amores. Uno de ellos, pero de los más intensos y constantes, insaciable, que sigue aún alegrándome el corazón con su primavera incesante, es don Ramón María del Valle-Inclán. Dentro de pocas semanas saldrá a la vida el libro mío donde constan y se cuentan estos amores que siguen teniendo cita en Viana del Prior. No en vano son más de veinte años de epitalamio. El paisaje es Pobra do Caramiñal, su natura y pasión; y con Pobra cuanto de alguna manera haya rozado la vida de don Ramón, el perfil, la figura, la mente, el corazón y el arte más completos que han tenido las tierras de La Barbanza. ¿Más que Esteban, señor de Torre Fortaleza das Xunqueiras? ¡Jo!, como de aquí a Lima. ¿Más que los Diego de Muros, los Churruchaos, Paio Gómez Charino, Pero Carneiro y la sirena de los Mariño de Sálvora? Las comparaciones ofenden. Don Ramón fue único, omnipotente, y como los dioses, sin sombra.
CARLOS GARCÍA BAYÓN