El casco histórico, por su peculiaridad arquitectónica, y el Ensanche, por las obras, son áreas urbanas poco accesibles Toldos demasiado bajos o bordillos demasiado altos. Terrazas y coches en medio de las aceras. Para gran parte de la población, estos elementos son totalmente cotidianos. Pero para aquellos que carecen de visión, es un reto con el que se tienen que enfrentar día a día. Son las llamadas «barreras arquitectónicas». En Santiago, por la particular composición de su casco histórico, eliminar estas dificultades para el caminar de un ciego es una tarea complicada en la que el Concello se ve obligado a invertir muchos millones. La Organización Nacional de Ciegos (ONCE) colabora con sus propuestas. El Ministerio de Asuntos Sociales y la ONCE acaban de promover conjuntamente el «Programa de accesibilidad global». El Concello compostelano tiene interés en adherirse a esta iniciativa que beneficiará a los más de 200 invidentes que viven en Santiago.
JUAN A. CANALES