El primer golpe a los bolsillos del prometido comienza en la pedida de mano, en la que el joven entrega a los futuros suegros una media de 1.400 euros.
Tras las protestas generadas por el producto la compañía se disculpó públicamente y anunció que los beneficios logrados por la venta de la prenda se destinarán a una oenegé.