Bush, una fortuna en cuestión
El turbio pasado empresarial del republicano empaña su cruzada para una nueva ética en las corporaciones de EE UU Reconvertido en nuevo líder mundial gracias a la ayuda involuntaria de Osama Bin Laden, George W. Bush descubrió el placer de la oratoria tras su exitoso discurso en el Congreso, una semana después de los atentados del 11 de septiembre. Sin embargo, el pasado martes quizás habló más de la cuenta. En un país presa de una ola de escándalos financieros, Bush exhortó a los empresarios a ser responsables. Lo malo es que el presidente guarda demasiados esqueletos en su armario y el peso de un pasado empresarial teñido de serias y cuestionables travesuras contables amenaza con empañar sus palabras.
BÁRBARA CELIS D'AMICO