LOS PREMIOS DEL CINE ESPAÑOL / LA CRÓNICA
Los galardones de los Goya ponen de relieve que la renovación de los rostros en la cinematografía nacional es un hecho imparable Todos los años lo intentan, y todos los años es lo mismo. Imposible aligerar una entrega de premios tan larga. Aunque se eliminen el vistoso paseíllo, las actuaciones y se limite el tiempo de los impredecibles agradecimientos, la gala se estira y se estira, dejando siempre en el espectador una inevitable sensación de hartazgo. Si encima el glamour brilla por su ausencia; los guionistas parecen los mismos que escriben los «sketches» del programa de José Luis Moreno -su gracia, igual de nula- y los premios principales vienen cantados, como ha ocurrido ahora, el aburrimiento termina haciéndose difícilmente soportable, hasta para quienes compiten.
CÉSAR WONENBURGER