En 1985, el actual Papa firmó una carta en la que muestra su reticencia a que el sacerdote estadounidense Stephen Kiesle fuera expulsado de la Iglesia por pedófilo.
Un hombre reclama a la organización 29 millones de dólares por haber mantenido los brazos cruzados ante los abusos sexuales de los que eran víctimas muchos niños y adolescentes.
Dos de las operaciones se iniciaron en Extremadura, aunque finalmente se extendieron por Galicia, Madrid, Cataluña, País Vasco, Islas Canarias y Castilla La Mancha.
Según «The New York Times», el pontífice no hizo nada cuando era arzobispo de Múnich para evitar que un cura acusado de pedofilia retomara el sacerdocio.