La delincuencia pone rumbo a Penamoa
La mayoría de los robos se producen en una ruta, que nace en el centro y se dirige al poblado por la avenida de Finisterre En cuanto hay un robo, un navajazo, un tirón o cualquier otra suerte de delito, un policía marca con una equis en el callejero el lugar donde se produjo. Al final del año, se dibuja en el mapa un cementerio de cruces, largo como un guante de baile. Es el brazo de la delincuencia, que arranca en la plaza de Pontevedra, se pasea por Juan Flórez, sube por la avenida de Finisterre, hace una parada en la calle Barcelona y muere en Penamoa, en el «supermercado» de la droga. Tiene su explicación: «el toxicómano, cuando está de mono, pone rumbo a Penamoa. Mientras camina, busca cualquier cosa para robar», explica un alto mando de la policía.