El pacto con los nacionalistas vascos supone el traspaso de tres competencias este año y de otras diecisiete en el 2011, lo que supone un «acelerón» importante para el desarrollo del Estatuto de Gernika.
Se enfrenta a un escenario de pesadilla, que incluye caída en picado de su popularidad, crisis de liderazgo interno, paro del 20%, bajo crecimiento y derrotas electorales