Los ciudadanos ejercen su lucha contra ETA con manifestaciones como la de Barcelona, que marcó un hito por su trascendencia política Tras cada atentado, una manifestación, para que, al menos, las muertes no caigan en saco roto. Las voces de la calle tanto sirven para insultar como para pedir la cadena perpetua. Pero los gritos más unánimes: «¡Basta ya!» y «ETA, no», resumen un anhelo repetido: paz. El asesinato de Ernest Lluch fue la puntilla. Por su tolerancia y compromiso. Y colmó la paciencia de ciudadanos y políticos. Los primeros lo expresaron con un millón de personas en Barcelona. Los segundos se han visto espoleados por la petición de diálogo de la periodista Gemma Nierga, un certero mazazo a la conciencia que obligará a decir algo más que lo de siempre.
REDACCIÓN