El complejo, que ocupa unos 200.000 metros de bosque en Ankara, ha dividido profundamente la opinión pública, que la señala como una prueba del afán de poder del presidente Erdogan
Los expertos dicen que «es demasiado tarde» dada la cautela de Turquía y la escasa importancia de los bombardeos de EE. UU. y sus aliados para destruir la capacidad militar de la organización