Juan Abeledo consiguió cumplir uno de sus grandes sueños después de muchos años de espera: tener una tabla de surf y aprender a cabalgar las olas. Tenía entonces 60 años.
La alternativa museística de la ciudad como opción familiar frente a la lluvia, la cercanía de enclaves como Ferrol o las fragas del Eume y la imposibilidad de realizar turismo costero beneficiaron al norte de Galicia