Ésta es la decisión a la que llegaron Berlusconi y su aliado en el Ejecutivo, el líder de la Liga Norte, Umberto Bossi, tras el discurso que Fini pronunció el pasado domingo en el que aseguraba que el PDL estaba muerto.
El líder libio subrayó el papel de Libia como «puerta» de entrada de la «inmigración no deseada» al continente y pidió la ayuda de la Unión Europea para «luchar juntos».
«Puro folclore» y «mejor no levantar polvareda» era la consigna del Gobierno, preocupado por los intereses económicos con Libia. El primer ministro evitó pronunciarse públicamente.