El tradicional y concurrido desfile de Ribadeo atrajo a multitud de gallegos y asturianos en una tarde de temperatura veraniega El Antroido dura poco, pero su placer no puede medirse por las agujas del reloj o las hojas del calendario. Son sólo unas horas o unos días de ilusión, pero sus efectos resultan contundetes. La fiesta acaso vaya ganando una nueva modalidad de participantes, los espectadores, que, situados tranquilamente en las aceras o provistos con cámaras, ven, analizan, juzgan y aplauden el talento ajeno. Así ocurrió ayer por la tarde en Ribadeo, que se vio inundado de coches y de una multitud de personas de A Mariña y del vecino Occidente asturiano. Todos disfrutaron como querían: unos, dando rienda suelta a la imaginación, y otros, recreando la vista.
X. M. PALACIOS