Después del simulacro de naufragio, las embarcaciones salieron en procesión para realizar una ofrenda floral en la ría En 1976, un barco holandés embistió al mercante en el que trabajaba Fernando Busto. Fue cerca de las costas de Tenerife y murieron tres compañeros suyos. Él estuvo más de dos horas flotando en medio del océano Atlántico, esperando el rescate, agotado y al borde de la hipotermia. Eran las dos de la madrugada, tenía la nariz rota y un enorme corte en la frente. La Virxe do Carme lo ayudó en aquella ocasión y hoy le guarda una enorme devoción. Él es, precisamente, uno de los primeros marineros que participaron en el simulacro del naufragio que, desde hace décadas, se celebra en Laxe. Miles de personas se acercaron al puerto para ver esta recreación y hacerse un hueco en la treintena de barcos que acompañaron en procesión marítima a la patrona.
ELENA SILVEIRA