En Apia, la capital, y en otras poblaciones de Samoa occidental, la policía y voluntarios remueven el lodo y los amasijos de hierros y escombros para encontrar cadáveres o supervivientes del desastre.
La lluvia, la falta de máquinas para desescombrar y las rutas cortadas por los deslizamientos de terreno, dificultan la búsqueda de las «miles» de personas atrapadas bajo los escombros.
El seísmo, de 7,9 grados de magnitud en la escala abierta de Richter, originó olas que alcanzaron los seis metros de altura al romper sobre las costas de la Samoa estadounidense.
La televisión pública aplaza el estreno de un programa para emitir una entrevista en la que el mandatario hablará sobre la situación actual de Los Abruzos.