El trasplante de donante vivo, que podría liberar de la diálisis a 2.000 pacientes renales al año, es una alternativa viable para «estirar» la disponibilidad de órganos.
El trasplante facial se realizó el pasado 26 de enero, con una duración de casi treinta horas de trabajo de un equipo médico integrado por unos 25 especialistas.