Adiós a los arcones
PACHO RODRÍGUEZ CRÓNICA Las familias gitanas de Orillamar apuran sus últimos días para trasladarse a las viviendas antes del inicio de las obras José Amaya tiene ocho años y un balón por bola de cristal. Sabe que «el Dépor va a ganar la Liga». Y que tiene ganas de que los mayores «arreglen lo de las casas». A los arcones de Orillamar se les acaba el tiempo. Desaparecerán. Es un empeño en el que, aunque no lo parezca, las familias que allí residen cuentan con más aliados que enemigos. Sus vecinos payos les quieren, y que vuelvan cuando se terminen las viviendas que el Concello les construirá. Pero si a esta historia se le buscan las cosquillas de la nostalgia, no es el lugar adecuado. Todos están hartos de los inhóspitos arcones y quieren viviendas dignas.