María del Carmen Lojo, quemada por su madre con un corrosivo en la Audiencia de Pontevedra A los seis años, María del Carmen Lojo fue testigo de cómo su padre violaba a su hermana. Dormían juntas y aquella macabra ceremonia se repetía una vez a la semana. Su padre azotaba aquel cuerpo sin el menor duelo hasta rendirse por el cansancio. A María del Carmen apenas la tocaba. Hasta que cumplió los quince. Por denunciarlo, su madre le arrojó ácido. Hoy luce pañuelo a dos caricias de sus ojos. Para que no le vean las huellas. «Todos los días siento el odioso sabor del ácido en mi boca». No pestañea al recordar lo que su madre les decía: «¿Con cuál de las dos se acostó hoy tu padre, que no quiere hacerlo conmigo?».
ALBERTO MAHÍA