Alejandro Moreno: «Venezuela va hacia una era feudal donde cada jefecillo tiene su territorio»

PEDRO GARCÍA OTERO CARACAS / CORRESPONSAL

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El sacerdote nacido en Toledo ve con angustia el futuro de un país roto por la violencia generada por el propio Estado

13 may 2016 . Actualizado a las 11:05 h.

Aunque llegó muy joven a Venezuela, Alejandro Moreno aún conserva los modales y el acento áspero y directo de Castilla. Nacido en Toledo pero criado en Venezuela, donde se convirtió en sacerdote salesiano, es psicólogo, doctor en Ciencias Sociales y profesor universitario. Moreno sigue en plena actividad a sus 82 años. El salesiano es uno de los estudiosos más cualificados sobre la violencia en el país que lo acogió, y ha escrito diez libros sobre el tema.

Su conocimiento del fenómeno no es meramente teórico. Vive en un suburbio caraqueño, cuyo nombre nunca dice por seguridad. En la zona donde vive, su edad y su ministerio sacerdotal le proporcionan un salvoconducto para arrojar, con gran angustia, verdades como puños. Afirma que hay un pacto entre parte del Estado venezolano y las grandes bandas criminales, que no se atenúa con la muerte, esta semana, del Picure, uno de los hampones más conocidos de uno de los países más peligrosos del mundo (a su banda se le atribuyen más de cien homicidios y más de mil extorsiones).

-Tras estudiar durante tantos años la violencia en Venezuela, ¿dónde cree que va a parar esto?

-Esto no para, va a seguir enconándose cada vez más. Eliminar a los jefes de las bandas no resuelve la situación, porque ya en estos momentos debe estar nombrado el sustituto del Picure. No se trata ya de un líder que tiene unos cuantos subordinados y si lo eliminan se disuelve la banda; la realidad actual es que estas son organizaciones estructuradas, que no dependen de un líder.

-¿Se puede revertir esto, como se hizo en Centroamérica o en Colombia?

-Aquí, con estas autoridades y la forma en la que están dirigiendo el país no hay manera. Esto amenaza realmente con convertirse en una disolución total de la sociedad venezolana. Si no se sustituye por completo a la clase política dirigente, asistiremos a la desaparición de la nación. Vamos a algo así como una era feudal, donde cada jefecillo tiene un territorio en el que no penetra nadie. Nos vamos a quedar sin Estado...

-¿Dice usted que no es que el Gobierno esté intentando combatir a las bandas, sino una lucha por el control del narcotráfico?

-Se ha venido formando una especie de Estado paralelo, constituido por acuerdos entre bandas y resultado también de las guerras entre ellas. Han acumulado mucho poder, sobre todo económico, y, como dice la prensa, la banda del Picure estaba constituida realmente por militares. Las conexiones entre militares y bandas delictivas son evidentes.

«Algunos sectores del Gobierno querían utilizar a las bandas para el tráfico de drogas»

-Usted afirmó recientemente que los criminales caraqueños contaban con drones. ¿Cómo llegó Venezuela a un punto en el que los delincuentes tienen más poder armado que el Estado?

-Con la connivencia del Gobierno, las grandes bandas se han ido desarrollando, particularmente desde el 2014, y han ido ocupando grandes espacios en suburbios pobres de Caracas. Algunos sectores del Gobierno pretendían utilizarlas, especialmente para el tráfico de drogas. En estos momentos, algunas de estas bandas están ganando autonomía respecto de esos sectores del Gobierno. Eso explica la guerra entre sectores de las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional contra las bandas, con licencia para matar. Tienen órdenes expresas de eliminar a los jefes de bandas del modo que sea. Son órdenes que se dictaron a principios de este año.

-Se rumorea que con el «Picure» mataron también a inocentes...

-¡Siempre pasa eso! Primero, que no tienen ningún derecho a matar a los jefes de bandas, a menos que sea en un enfrentamiento proporcional. Ahora, la prensa dice no solo que eran inocentes, sino que los sacaron de sus casas y al pensar que eran de la banda del Picure los asesinaron.

-¿Los delincuentes van a ser el Estado?

-Son ya un Estado, que compite con el Estado oficial. Como sigamos por el camino que vamos, el Estado oficial va a desaparecer.