Rusia espera en silencio que gane el «brexit»

Vladimir Putin no se pronuncia, pero oligarcas rusos afincados en Londres hacen campaña por la salida del Reino Unido de la UE


redacción / la voz

Por las grietas de la Unión Europea entran rayos de luz. Así interpretan poderes fácticos de Rusia una hipotética salida del Reino Unido. Las relaciones entre este país y la UE están bajo mínimos debido a la crisis de Ucrania y no parece que los puentes se reconstruyan a corto plazo. De hecho, Bruselas acaba de ampliar seis meses más las sanciones por la anexión de Crimea y la invasión del este ucraniano.

David Cameron se refirió a Vladimir Putin como el único líder mundial que apoya el brexit. Considera que su silencio lo delata. Otros como Obama han expresado públicamente su deseo de que los británicos continúen en la UE, apoyando la campaña de Cameron. James Nixe, experto en Rusia de The Royal Institute of International Affairs, ha elaborado un informe sobre la posición rusa. Cita a voces como Serguéi Utkin, del Institute of World Economy and International Affairs de Moscú, y Alexey Pushkov, responsable del Comité de Asuntos Exteriores de la Duma, que indican que el Reino Unido «buscará nuevos amigos una vez que se haya separado de Europa». Sin embargo, otros expertos compatriotas de Utkin y Puskov hablan de una especie de rusofobia de origen inglés que podría agudizarse con el brexit.

Gary Kasparov escribió un artículo en The Guardian en el que explicaba por qué la marcha del Reino Unido «sería el perfecto regalo para Putin». Su resumen era claro: «Una institución débil con menos poder para oponerse a sus asaltos a las fronteras europeas».

Oficialmente el Kremlin no se pronuncia sobre la cuestión. Oficiosamente mueve sus piezas. Como los oligarcas rusos que residen en Londres. Constantin Malofeev, empresario afín a Putin, sostiene que «la UE del 2016 es como la Unión Soviética en los años ochenta». La UE, EE.UU. y Ucrania lo han acusado de financiar grupos armados favorables a Rusia, aunque él argumenta que sus fondos se dedican solo a fines humanitarios. No es la primera vez que Malofeev, ultraconservador y muy ligado a la jerarquía de la Iglesia ortodoxa, mueve sus hilos para influir en la esfera política europea. Su fundación San Basilio el Grande celebró una reunión hace dos años en Viena con la intención de que diferentes movimientos unieran sus fuerzas contra el ateísmo, el lobby gay y en defensa de los «viejos valores».

En este frente también se apela al sentimiento patriótico de los propios británicos. «El Reino Unido es uno de los países con más tradición democrática. ¿Creemos que las instituciones que gobiernan la UE están en sintonía con esta tradición, tal y como se entiende la democracia en el Reino Unido?», señaló en Financial Times Andréi Yakunin, otro aliado de Putin. Yakunin, afincado Inglaterra, es hijo del expresidente de la compañía rusa de ferrocarriles. Considera que, con otro marco legal más favorable, podría ampliar su negocio hotelero en Gran Bretaña utilizando una firma con base en Luxemburgo sin encontrarse con tantos escollos. Porque el brexit no solo es una cuestión geoestratégica o patriótica para los millonarios rusos. Creen que Londres sería más flexible con el flujo de sus capitales. El magnate inglés Peter Hargreaves, el donante privado que más dinero ha aportado a la causa rupturista, cree que su país debería convertirse en el Singapur del Atlántico, una especie de paraíso fiscal.

No todos los partidarios del adiós a la UE piensan así. Algunos intentan vender que el país no sería un paraíso para los oligarcas rusos y árabes que adquieren inmuebles en la capital como valor seguro en tiempos de crisis. No encaja en su discurso nacionalista. Michael Gove, ministro de Justicia, defiende que un Reino Unido libre de ataduras europeas podría bloquear la compra de propiedades por parte de empresas foráneas.

Trece premios nobel ven en la salida un peligro para la ciencia británica

Trece premios nobel británicos alertaron ayer de que un «Brexit» pondría «en peligro» la investigación científica en el Reino Unido. Entre ellos se encuentra Peter Higgs, galardonado en el 2013 por el hallazgo del bosón que lleva su nombre, y el bioquímico Paul Nurse, que obtuvo el premio en el 2001. Otros firmantes son Martin Evans, distinguido por sus investigaciones sobre células madre y Andre Geim, que ganó el Nobel por su trabajo con grafeno. A su juicio, las afirmaciones de que el Gobierno británico compensaría la pérdida de inversiones comunitarias con nuevos fondos para la ciencia «resultan ingenuas y complacientes».

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