«China Popular vende a España manufacturas de cestería, seda cruda, pelo humano y joyas, y nosotros, hidrocarburos, maquinaria textil y ropa». En 1971, La Voz anunciaba un acuerdo de comercio entre Pekín y Madrid. Aunque modestamente, España abría así otra puerta a la economía global y, sobre todo, reubicaba su posición en el tablero geopolítico del momento. «¿Pero estos no eran la China roja?», se preguntaban voces airadas.
Jesús Flores