Un punto de no retorno, peor que Lehman Brothers

La salida del Reino Unido no es inmediata, el efecto contagio es inevitable y la Unión nunca volverá a ser la misma

La reacción de los analistas en el centro financiero Canary Wharf, en Londres
La reacción de los analistas en el centro financiero Canary Wharf, en Londres

La torpeza política de David Cameron, su ludopatía electoral y en concreto su apuesta fallida por barrer todo el arco político conservador y euroescéptico a su derecha, ha puesto al Reino Unido, a la UE y en general a la economía mundial en un escenario que empeora al que se dibujó hace ocho años con la caída de Lehman Brothers, y que en este caso nos sitúa en un punto de no retorno. Porque incluso aunque al final el Reino Unido no se acabe yendo, ya nada volverá a ser igual en la construcción europea. Y por tanto en el mapa geopolítico mundial.

 Algunas preguntas para intentar resolver varias dudas:

 1) ¿El Reino Unido ya se ha ido?

No. El proceso que se ha iniciado durará al menos dos años desde que Londres invoque el artículo 50 del Tratado, según lo previsto en la legislación de la Unión para una salida. UKIP ya ha pedido que se active hoy mismo, pero el Partido Conservador no quiere hacerlo antes de octubre, para cuando ya debería de tener un nuevo líder. Los expertos dicen que ese período contemplado sobre el papel es inviable y deshacer lo hecho durante 43 años podría durar más de diez. La clave ahora está en saber quién negociará la salida desde el lado británico, una vez que Cameron ya anunciado que no será él. Lo lógico es que no haya un adelanto de elecciones, porque abrirían un escenario aún más incierto para todas las partes: el resultado podría revertir la situación o, al contrario, acabar de encumbrar al xenófobo UKIP. Y en ese caso, el primer ministro seguirá siendo un tory con mayoría absoluta. En principio, euroescéptico, con todas las papeletas para el excéntrico Boris Johnson.

Hay otra opción más extrema. Que se considere que lo ocurrido cambia tanto el statu quo como para que intervenga el jefe del Estado, es decir la reina, y se monte un Gobierno de concentración como ocurrió con Churchill.

2 ¿La salida es segura?

No. Aunque en el contexto de la campaña del Remain Bruselas repitió insistentemente que Out is out, el análisis de los datos en el Reino Unido deja un país completamente partido por la mitad, con una herida geográfica y sobre todo generacional que tardará en curar. Y que en todo caso, curará el tiempo y la ley de vida. Con las tablas de voto por tramos de edad no es difícil pronosticar que dentro de diez años, cuando se acabara el papeleo, el país votaría lo contrario. En la salida, además, será crucial la postura de Escocia y el Ulster, que no se quieren ir. Y de Gibraltar, al parecer la principal preocupación del ministro de Exteriores español.

Incluso a Boris Johnson, un neo-escéptico que se ha subido a este carro para intentar liderar el partido conservador y llegar al 10 de Downing Street, se le ha escapado en algún momento de esta campaña que la mejor manera de negociar con Bruselas y Berlín es decirles adiós.

 3) ¿Cuál es el impacto a corto plazo?

Brutal. El desplome de las bolsas supera a lo vivido en lo peor de la crisis bursátil del 2007 y el 2008. Esta mañana la libra esterlina se ha desplomado tanto que el Reino Unido ha dejado de ser la quinta economía del mundo, superada por el euro francés. Los mercados están descontando que, con independencia de lo que al final acabe ocurriendo, la tormenta en la City de Londres (capital financiera mundial, 12% del PIB británico) será para siempre. Desde hace meses se sabe que los grandes bancos de inversión tenían planes de contingencia para trasladar equipos completos de Canary Wharf a Frankfurt o a París.

4) ¿Cómo quedaría un Reino Unido fuera de la UE?

Ahora llega el momento de la verdad. Los apóstoles del brexit han defendido que la Unión Europea no podrá ponerle trabas a la quinta economía del mundo (parece que desde ahora la sexta) porque Alemania querrá seguir vendiendo berlinas en los concesionarios de lujo de Knightsbridge. Es decir, la misma tesis de Puigdemont y Junqueras ante una eventual salida de Cataluña. Mientras tanto, el núcleo duro franco-alemán ha venido diciendo que, quien salga, que se ponga el último de la cola. Es decir, que un estatus preferente como el que tienen Suiza o Noruega no es ni seguro (no es lo mismo estar fuera que haberse salido) ni mucho menos inmediato. En la práctica, ¿qué supondría esto? Pues que, por ejemplo, todos los Nissan Qasqai que se venden en la UE, fabricados en el Reino Unido, tendrían un arancel. Y por tanto que Nissan buscaría otro lugar en el continente donde fabricarlos.

La duda es si Europa acabará siendo flexible o si, para acabar de raíz con el contagio, hará a los ingleses eat shit. Una expresión que traducida al castellano suena excesivamente grosera, pero que los británicos entienden perfectamente. 

5) ¿Qué pasará en el resto de Europa?

Ocurra lo que ocurra, el punto al que hemos llegado es de no retorno. El melón que se ha abierto es imposible de cerrar, el riesgo de contagio es inevitable y la Unión jamás volverá a ser la que era ni la que algún día pretendía ser. Holanda, Dinamarca y Finlandia, con severos problemas de euroescepticismo y xenofobia, ya se han puesto a la cola. Y habrá brotes también en recién llegados, como Polonia, Hungría o incluso Croacia. El resultado del referéndum de hoy será clave en las elecciones francesas de mayo del próximo año, en la que todos los partidos tendrán la tentación de subir el tono nacionalista para complicarle la vida a los moderados británicos. Y en otoño del 2017 será la madre de todas las batallas: elecciones alemanas, con los ultraderechistas de Alternativa por Alemania intentando reventar el euro definitivamente.

En España, que al final va a resultar ser el país más europeísta de la Unión, el futuro ha empezado hoy y la hoja de ruta se acabará de dibujar el domingo. Es difícil saber cómo afectará en las urnas el susto de esta mañana, que acaba de destrozar todos los sondeos electorales españoles. Si tenemos que apostar, en homenaje a ese gran ludópata electoral llamado David Cameron, diremos que el brexit sumará a favor de los partidos del establishment.

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