De la sala Bataclan a la Costa Azul

El país vecino ha sufrido los dos más duros golpes terroristas de Europa en el último año

CHRISTOPHE PETIT TESSON
CHRISTOPHE PETIT TESSON

Redacción / La Voz

¿Relajó Francia la vigilancia después de la Eurocopa? Larossi Abballa, el último yihadista abatido en París, el pasado 14 de junio, había amenazado que el torneo de fútbol se convertiría en un «cementerio», después de asesinar a dos policías en las afueras de París tras jurar lealtad al Estado Islámico. Sin embargo, el dispositivo de seguridad desplegado ante la amenaza terrorista permitió que la cita deportiva transcurriera sin nuevos sobresaltos, tan solo enturbiada por los altercados protagonizados por los hinchas de algunas aficiones.

Abballa seguía una consigna del autoproclamado Califato Islámico: «¡Maten a policías!». «Tengo sed de sangre», declaraba en un vídeo que grabó en el domicilio del comandante Jean-Baptiste Salvaing, después de asesinarlo a puñaladas a la entrada de su casa, donde después mató a su mujer, la también policía Jessica Schneider. Allí mismo filmó los cadáveres de sus víctimas y grabó el mensaje de más de 13 minutos que incluía amenazas a policías, funcionarios de prisiones y periodistas.

Pero, aunque la Eurocopa transcurrió sin las «sorpresas» que prometía Abballa, lo ocurrido en Niza recordó a los franceses, que aún vivían bajo el estado de emergencia, que la amenaza terrorista es real y sigue presente, pese a las enormes medidas de seguridad.

Una amenaza que París pudo palpar en toda su crudeza el 13 de noviembre del 2015, cuando un ataque múltiple se llevó por delante 129 vidas y dejó 352 heridos. Fueron seis atentados simultáneos que quedarán en la memoria colectiva por el más sangriento, el de la sala Bataclan. Allí entraron los terroristas a tiros y durante dos horas y media dispararon a discreción antes de ser abatidos por la policía tres de ellos. Se cobraron 89 vidas y dejaron más de 250 heridos.

Varias terrazas de cafeterías y restaurantes de las inmediaciones fueron los otros objetivos, además del Estado de Francia, en San Denis, donde las tres explosiones provocadas por sendos terroristas que se inmolaron solo dejaron un muerto, gracias a que fueron sorprendidos por la policía.

En enero, Francia volvió a temblar por culpa de otro islamista radicalizado que juró lealtad al Estado Islámico, un joven marroquí de 20 años que había sido fichado en la Costa Azul por robo, Sallah Alí. Fue el 7 de enero, en el aniversario del atentado de Charlie Hebdo, a la misma hora: con un cuchillo y un falso cinturón de explosivos se dispuso a atacar una comisaría de policía al grito de «Alá es grande» y fue abatido por la policía.

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