El incendio que comenzó por una imprudencia se ha convertido ya en el más virulento del verano

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

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El fuego fue provocado después de que un turista quemase el papel higiénico que había utilizado para hacer sus necesidades en el monte

06 ago 2016 . Actualizado a las 08:51 h.

El verano, a pesar de las altas temperaturas, estaba siendo especialmente benévolo con los montes españoles. La incidencia de los fuegos era especialmente anormal y salvo el ocurrido a finales del pasado mes de julio en Castellón, en el que las llamas arrasaron 1.400 hectáreas de superficie arboladas, no se habían registrado incendios de grandes proporciones. Hasta que se produjo el La Palma, provocado por la imprudencia de un turista que quemó el papel higiénico que había utilizado para hacer sus necesidades en el monte. El dantesco resultado es la muerte de un agente forestal -que fue recordado el viernes en La Palma y también en Galicia- y la destrucción de cerca de 4.000 hectáreas de zona verde de gran valor ecológico. Solo hasta el viernes.

Las altas temperaturas ?cerca de cuarenta grados en la isla-, vientos de hasta 50 kilómetros por hora y la difícil orografía del terreno están dificultado los trabajos de extinción de un incendio que avanzaba sin control hacia el sur de la isla, a pesar del amplio despliegue de medios. Tres aviones y ocho helicópteros trataban, desde el aire, de controlar las llamas. En tierra, cerca de trescientas personas pertenecientes a brigadas contraincendios y unidades del Ejército trabajaban para acotar los dos frentes activos, uno que seguía avanzando de forma virulenta hacia el sur, la zona más poblada, y otro que se extendía en la parte más alta de la isla, donde el fuego está más controlado.

Evacuados

Unos 2.500 vecinos de La Palma, que cuenta con un censo de unos 86.000 habitantes, fueron ya evacuados por precaución. Quinientos de ellos, mayoritariamente niños y personas mayores, viven en Fuencaliente, una de los pueblos de la isla más afectados por el incendio. A pesar de ello, más de 700 personas decidieron quedarse en sus casas y ayudar a los agentes forestales en el caso de que el fuego se aproxime peligrosamente. «Solo se combate estando permanentemente encima de él», aseguró a Efe Juan José Santos, quien defiende con vehemencia que la única manera de evitar que las llamas lleguen a su casa es permanecer en su vivienda y ayudar.