Erdogan y Putin sellan la paz para superar su aislamiento de Occidente

El líder reiteró su agradecimiento al ruso por haberle apoyado tras el fallido golpe


Amán / Corresponsal

Recep Tayyip Erdogan y Vladimir Putin se han vuelto a dar la mano. Más allá del contenido, la foto del encuentro entre los presidentes de Turquía y Rusia ayer en San Petersburgo apunta a un rediseño geopolítico. Ankara y Moscú sellan la paz para contrarrestar el enfriamiento que ambos sufren en sus relaciones con Occidente. Es la primera salida internacional de Erdogan tras la intentona golpista del 15 de julio y la primera reunión entre ambos desde su distanciamiento en noviembre, que ha afectado gravemente a las relaciones comerciales entre ambos países.

Los negocios han sido la excusa. El eje de la reunión fue reactivar los intercambios comerciales, que cayeron un 43 % (5.500 millones de euros) en los primeros cinco meses del 2016. Los dos países se necesitan y así lo demostraron. En sus agendas están reactivar el turismo ruso, las exportaciones agroalimentarias turcas y jugosos megaproyectos como el gasoducto Turkish Stream a través del mar Negro y la primera central nuclear turca de Akkuyu.

«Yo y mi querido amigo Vladimir Putin hemos demostrado unas posturas similares en pos de la normalización de relaciones», declaró Erdogan en rueda de prensa cerrando filas en torno al jefe del Kremlin, al que agradeció su «apoyo moral» tras la fallida asonada. No en vano, fue el primer mandatario en telefonearlo para mostrar su apoyo, a diferencia de la Unión Europea o Estados Unidos, que denunció el giro autocrático del sultán de Ankara. Erdogan no ha disimulado al cargar contra sus aliados de la OTAN, a quienes reprocha haber dejado «solo al pueblo turco». Atrás quedan las duras imputaciones de Putin contra la familia del líder turco, a la que acusó de lucrarse con el comercio de petróleo del Estado Islámico.

Diferencias sobre Siria

Erdogan y Putin evitaron profundizar en la guerra en Siria, donde apoyan diferentes bandos y mantienen posiciones antagónicas sobre la permanencia del presidente Bachar al Asad. Las dos potencias han evidenciado su pragmatismo al mantener cierta fluidez hasta la crisis que les enfrentó en noviembre del 2015 cuando un caza ruso SU-24 fue derribado por Ankara en la frontera siria.

Erdogan, cuando ya estaba enfrentado con la UE por el acuerdo de refugiados, hizo su primer guiño al Kremlin y pidió perdón a Putin en junio; gesto que abrió la puerta a la celebración de esta cumbre ruso-turca, en un momento en que el diálogo entre Turquía y sus aliados occidentales está más deteriorado. De hecho, Erdogan insiste en que romperá el pacto para mantener el flujo de refugiados hacia Europa si no se elimina la exigencia de visados a ciudadanos turcos como contrapartida. «Creo que se abrirá una nueva página en las relaciones con mi amigo Vladimir. Será un nuevo comienzo», dejó claro Erdogan sobre una nueva etapa, también, para las relaciones geoestratégicas. La normalización ruso-turca cuenta con el apoyo inequívoco de Irán.

«No me han dado ni una copia de la expulsión», dice la española deportada por Ankara

Desde ayer, Beatriz Yubero, una académica madrileña afincada en Ankara, está en España. La policía turca la detuvo el pasado viernes y, tras 36 horas retenida, fue deportada sin explicación alguna. «No me han dado ni una copia de la expulsión, ni nada. Debería poder volver en un mes, pero no tengo repuesta todavía», declaró a La Voz esta joven de 26 años desde su obligado retiro. En el interrogatorio se le preguntó por posibles vínculos con el movimiento de Fetulá Gülen, a quien se acusa del fallido golpe de Estado.

Yubero, también periodista y que ha narrado la asonada para diversos medios de comunicación españoles, realizaba una tesis sobre el Estado Islámico (EI) y cursaba estudios de doctorado en la Universidad de Ankara con una beca de un organismo del Gobierno turco, que le fue retirada el día 20 de julio. No cree que su cobertura de la intentona golpista haya influido en la deportación, porque no han hecho alusión alguna a los artículos, así que sospecha que ha sido una denuncia de un particular. «Me temo que algún vecino haya tenido que ver en este asunto», asegura sobre su residencia en un «barrio muy conservador» de Ankara.

La policía buscó a Yubero en su domicilio y, tras pasar por un pabellón deportivo junto a cientos de personas a las que se acusaba de vinculación con la sublevación militar, fue trasladada a las dependencias de Extranjería y Antiterrorismo. El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha pedido explicaciones a Turquía, por una deportación que Yubero no termina de entender.

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