El Estado Islámico venga sus derrotas con una oleada de atentados en Siria

La falta de confianza impide a Obama cerrar un alto el fuego con Putin en el G20


Amán / corresponsal

Un vehículo cargado de explosivos y un kamikaze en Tartús, una motocicleta bomba en Hasaka, un coche suicida en Homs y dos explosiones cerca de Damasco. Seis ataques coordinados causaron medio centenar de muertos en una ola de atentados contra zonas gubernamentales y kurdas a lo largo de la geografía siria. El Estado Islámico (EI) se atribuyó la autoría. Los terroristas responden así a la constante pérdida de territorio que les está acorralando en Siria e Irak.

Tartús, feudo de Bachar al Asad y puerto del mediterráneo donde está la base naval de Rusia, fue la más castigada con 35 fallecidos. Tras la explosión del coche bomba, un kamikaze se inmoló en medio de la gente que socorría a los heridos. En Homs, cuatro soldados del régimen murieron en el barrio de Bab Tadmur, bajo control gubernamental. La última arremetida se registró a las afueras de Damasco y mató a tres personas.

En el noroeste del país, los radicales cargaron contra los territorios kurdos en la provincia de Al Hasaka, pereciendo ochos personas en la explosión de una moto. 

Los últimos reveses

La cadena de atentados yihadistas tiene como objetivo al régimen y las fuerzas kurdas que han recuperado enclaves cruciales en manos de los radicales. Los terroristas han perdido un 20 % del territorio que controlaba en Siria y la mitad del que administraba en Irak, según estimaciones de la coalición internacional, a lo que hay que sumar las bajas de combatientes y líderes. El último revés lo recibió el domingo cuando Turquía les arrebató la última posición en la frontera, y con ello, su salida al exterior.

Barack Obama y Vladimir Putin intentaron durante la cumbre del G-20 consensuar una tregua en Siria que llevan meses negociando sus delegaciones. Pero en la hora y media de reunión no consiguieron reducir las diferencias que, según el presidente de EE.UU. impiden el pacto: «Dada la falta de confianza que existen, es una negociación difícil. Aún no hemos cerrado la brecha». Más optimista, Putin considera que se han acercado posiciones y que podrían concretarse en los próximos días.

Obama desconfía. «El régimen de [Bachar al] Asad está bombardeando con impunidad», destacó en alusión a la ruptura de anteriores treguas. Una dinámica «peligrosa», define, porque está aumentando «la capacidad de reclutamiento de personas que en principio no eran simpatizantes de los radicales». El obstáculo es Alepo, donde las fuerzas rebeldes se han aliado con la antigua filial Al Qaida, rebautizada como Frente Fath al Sham, en su contraofensiva contra el régimen, que apoya Rusia. Para Putin, no queda clara la división entre los yihadistas y la oposición moderada que respalda EE.UU. Ambos han pedido a sus responsables de Exteriores que continúen las negociaciones. 

Petición turca

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, volvió a proponer a Obama y Putin la creación de una zona de exclusión aérea en el norte de Siria. Ahora más factible, después de que el domingo consiguiera, con el apoyo de los rebeldes, expulsar a los terroristas del EI de la frontera. Ankara ha desplegado fuerzas militares a lo largo de 90 kilómetros de linde. La idea de Erdogan es crear un área de seguridad para asentar a los desplazados, aunque con ello también aseguraría una zona tapón que impediría el avance de los kurdos, propuesta nunca aceptada por EE.UU. ni la OTAN.

Irán llama infieles a los saudíes y critica su gestión de la peregrinación anual a la Meca

Irán lanzó ayer un duro alegato contra Arabia Saudí, su histórico rival en la región. Esta vez a cuenta de su gestión de la Meca y a pocos días del inicio de la gran peregrinación musulmana, el haj, que este año no podrán hacer los iraníes. El ayatolá Alí Jamenéi calificó a los saudíes de «infieles» y cuestionó su política en los lugares santos del islam. 

«Debido al comportamiento represivo de los saudíes respecto a los peregrinos, el mundo islámico debe reconsiderar la gestión de los lugares sagrados, así como del haj», señaló líder supremo de Irán. «Los responsables deben pagar por los crímenes que han cometido en el seno del islam», añadió. 

El prestigio del reino saudí a la hora de custodiar los lugares más sagrados del mundo musulmán, como Medina y la Meca, se encuentra en el punto de mira desde la avalancha ocurrida en el 2015, en el que murieron 769 peregrinos, según Riad. Sin embargo, tras la repatriación de los cadáveres, el número de muertos ascendió a 2.000, entre ellos 400 iraníes. Irán apuntó a la incompetencia de los organizadores como principal responsable de la tragedia.

Este ataque ilustra la persistencia de las tensiones entre las dos grandes potencias rivales, el Irán chií y la Arabia Saudí suní, que buscan extender su influencia en Medio Oriente. Riad acusa a Teherán de extender el sectarismo mediante el apoyo a milicias en Siria, Líbano, Irak y Yemen, así como de fomentar la rebelión en Baréin y Arabia Saudí. Jamenéi aludió a la «naturaleza blasfema y dependiente» de las potencias mundiales de los saudíes.

Los iraníes no podrán participar en el haj, debido a la ruptura de relaciones diplomáticas después del asalto a la embajada saudí en Teherán y la ejecución por Riad de un prominente clérigo chií acusado de terrorismo

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