Orban da por bueno el referendo y amenaza a la UE con un motín

No recula y mantiene su propósito de cambiar la Constitución

Rescate de un migrante en el mar, ayer, cerca de Libia.
Rescate de un migrante en el mar, ayer, cerca de Libia.

bruselas / corresponsal

Por las buenas o por las malas. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, está dispuesto a imponer su contrarrevolución nacionalista, aunque las urnas no lo acompañen. 

Los húngaros apenas se movilizaron el domingo para respaldar la cruzada del líder populista contra las cuotas obligatorias de acogida de refugiados acordadas por la UE. Que solo acudiesen a votar el 43%, lejos del mínimo necesario del 50% para validar la consulta, significa que el partido de Orban, el Fidesz, y el xenófobo Jobbik, fracasaron a pesar de los 22 millones invertidos en la sucia y feroz campaña que pusieron en marcha. La retórica de que hicieron gala, vinculando a los refugiados con el aumento de los ataques terroristas en la UE convencieron al 98% de los votantes, pero los partidos de la oposición lograron boicotear la cita electoral.

Pese a ello, Orban no da el brazo a torcer:  «La consulta popular alcanzó su meta. Hungría decidió y dejó claro qué quieren los húngaros en relación con la migración masiva», aseguró ayer en el Parlamento húngaro. 

No obstante, Bruselas celebró su derrota. «Si el referendo ha sido legalmente válido, tomamos nota. Pero como fue declarado inválido no podemos decir que tomamos nota», dijo con socarronería el portavoz comunitario, Margaritis Schinas, antes de recordar que la Comisión «respeta la voluntad de los húngaros que fueron a votar y de los que no». 

Legitimado

El líder magiar está lejos de aceptar su fracaso. Orban asegura que está absolutamente legitimado para reformar la Constitución del país y hacer que la voluntad del Gobierno de enterrar las cuotas de refugiados se imponga al marco legal europeo. «Le toca al Gobierno húngaro lidiar con el resultado. Las cuotas se adoptaron en un proceso de decisión incluido en los Tratados y adoptado por todos los Estados miembro. Es su obligación cumplir con la ley europea y aplicar el acuerdo», recordó Schinas. 

En la práctica, Hungría ya se ha rebelado contra Bruselas. Ninguno de los 1.294 refugiados que debía reubicar ha cruzado su frontera. El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, amenazó con aplicar sanciones a los países que no hiciesen efectivo el acuerdo, pero hasta ahora las advertencias han caído en saco roto. La decisión de seguir adelante con las multas «corresponde al comisario competente y al colegio», aseguran fuentes de la institución. 

Mientras Bruselas sopesa qué hacer, Orban saca pecho y le sugiere «que ande con cuidado». Su portavoz, Zoltan Kovascs,  advirtió ayer de que están en posición de organizar un motín con los otros tres socios de Visegrado [Eslovaquia, República Checa y Polonia] y Austria. Todos comparten la misma visión sobre el sistema de reubicación de refugiados. Se niegan a aceptar cuotas obligatorias.  El ministro austríaco de Exteriores mostró también su enfado porque Bruselas se centra en la invalidez del referendo y no en la aplastante victoria del no a sus políticas migratorias.

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