¿Quién ocupará el puesto de Samsung?

Google, y no Apple, aparece como el principal beneficiado por la crisis del gigante coreano


La Voz

El mayor perjuicio para Samsung no es perder un teléfono, aunque el Note fuera su terminal flagship o de referencia, ni los 15.000 millones que se ha dejado en bolsa. Para la compañía coreana el batterygate es un golpe a su imagen como fabricante de alta tecnología, de tal calibre que los expertos no se atreven a vaticinar hasta qué punto afectará a sus otras gamas de smartphones e incluso al resto de productos. En la posición que ocupa Samsung en la industria, la imagen lo es todo. Y se la había ganado a pulso al convertirse en el primer competidor de Apple capaz de ofrecer un terminal que rivalizara con el iPhone.

Corría el año 2010 y el Galaxy S apareció como un clon del móvil de la manzana, pero con sistema operativo Android. Costaba 500 euros, pero tenía una pantalla mayor, un procesador y una gráfica bastante avanzados y algunos detalles apreciados por los usuarios y que no ofrecía el teléfono de Steve Jobs, como radio o posibilidad de ampliar la capacidad de almacenamiento mediante tarjetas de memoria. Los entonces gigantes de la telefonía estaban dormidos (BlackBerry seguía insistiendo en el teclado físico a pesar de que el mundo hacía tres años que había entrado en la era de las interfaces táctiles, mientras que Nokia apostaba por su propio sistema operativo, limitado y sin tienda de aplicaciones). Samsung los adelantó sin dificultad. Vendió 25 millones de unidades de ese modelo y año tras año fue puliendo su producto, que alcanzó tal popularidad que alumbró toda una línea de smartphones, los Galaxy, tanto premium como de bajo coste.

Hoy en día, tras el desembarco de los fabricantes chinos en el negocio, se pueden encontrar dispositivos con especificaciones de gama alta por la mitad o la tercera parte del coste de un iPhone o un Galaxy S. Pero solo Samsung puede poner los precios tan altos como su máximo rival e incluso superarlos, como ocurrió el año pasado con el Galaxy S6 Edge, que se convirtió en el móvil más caro del mundo: 1.049 euros, 50 más que el iPhone. Puede hacerlo porque, a diferencia del resto de fabricantes, tiene una imagen de marca labrada a lo largo de muchos años. Hasta ahora.

Resulta inexplicable cómo un líder mundial de la electrónica puede cometer un fallo de control de calidad como el que ha afectado a la batería del Note 7. La crisis se gestó a principios de septiembre, cuando se reportaron algunos casos aislados de teléfonos que se incendiaron o cuyas carcasas se habían derretido tras un sobrecalentamiento interno. Parecían los típicos errores de la primera versión, como los que en años anteriores habían afectado al iPhone 4 (la antena perdía la señal) o al iPhone 6 Plus (supuestamente la cubierta trasera se doblaba al hacer presión sobre ella). Pero muchas veces estas noticias son filtraciones interesadas que parten de la competencia o de simples usuarios cuya opinión es amplificada por medios generalistas, blogs especializados y redes sociales. El mundo de los smartphones es como el fútbol y el enfrentamiento Apple-Samsung levanta tantas pasiones como un Real Madrid-Barcelona.

En cualquier caso, la firma coreana no gestionó bien la crisis. Restó importancia al problema (dijo que solo se habían producido 34 casos en todo el mundo) e inició un programa de reemplazo en todo el mundo, sin dar una versión concluyente de dónde se había originado el problema. Ni siquiera a día de hoy sabemos quién fabricó las baterías defectuosas (la planta parece ser de Samsung, pero los proveedores podrían ser terceros). La bola fue creciendo y el incendio de uno de los terminales sustituidos dentro de un avión fue la puntilla definitiva. Una cosa es que un teléfono salga «malo» y otra que ponga en riesgo la seguridad aérea. En Seúl decidieron cortar por lo sano, pero incluso el escueto comunicado emitido deja numerosos interrogantes abiertos: «Para garantizar la seguridad de nuestros consumidores hemos parado las ventas y los reemplazos de Samsung Galaxy Note7 y, consecuentemente, hemos decidido parar la producción permanentemente».

¿Quién se aprovechará de la debacle de Samsung? Apple aparece como la principal beneficiada, en un año muy difícil en el que por primera vez descendieron las ventas del iPhone (51,2 millones en el segundo trimestre, un 16% menos que en el mismo periodo del 2015). El Note 7, lanzado unas semanas antes del iPhone 7, parecía que iba a agudizar esa situación; pero ahora, y pese a que desde Cupertino no han dado cifras (otros años divulgaban las ventas obtenidas en el primer fin de semana de lanzamiento), el móvil de la manzana tiene vía libre para celebrar a lo grande su décimo aniversario el próximo mes de enero. Sin embargo, a pesar de este análisis, la realidad es que la compañía de la manzana tiene su propio mercado, restringido y cerrado como su ecosistema de hardware+software, puede decirse que va por libre y dispone una legión de seguidores que actúan independientemente de lo que hagan las otras marcas.

Huawei es el tercer fabricante de smartphones del mundo, pero los chinos carecen del glamur de los dos primeros contendientes: no tiene esa imagen de la que hablábamos al principio. Si la crisis de Samsung afecta a las gamas media y baja del Galaxy, podría aprovecharlo, pero aquí entran en juego numerosos competidores, desde Xiaomi a Oppo, pasando por LG.

Esta podía haber sido la oportunidad de BlackBerry para resucitar, pero la compañía canadiense acaba de anunciar que dejará de fabricar sus propios terminales y subcontratará su producción a otras empresas. Y Nokia, a pesar de que también tiene previsto volver a lanzar un móvil con su nombre, no tiene intención de meterse de nuevo en esta guerra: está demasiado centrada en el negocio de las redes de telecomunicaciones, donde además le va muy bien.

Así pues, tras los sucesivos descartes aparece un nombre de peso que además acaba de lanzar una nueva gama de smartphones: Google y sus Pixel y Pixel Plus. El gigante del buscador ha finiquitado su antigua y aprecidada serie Nexus para diferenciarse todavía más del resto de teléfonos con Android. Va a por todas, con unos terminales que ofrecen funciones de software que no estarán disponibles en la competencia y con la promesa de almacenamiento ilimitado en la nube para todas las fotos y vídeos que hagan sus usuarios. Son gama alta (desde 649 dólares) y cuentan con la imagen de una de las compañías tecnológicas más poderosas del mundo. Corre por ahí una teoría de la conspiración que asocia lo ocurrido con Samsung con el escándalo de Volkswagen y sus emisiones. En este caso, en vez de Europa y América, se enfrentan una cultura asiática muy metódica, trabajadora y ordenada _en la que los presidentes de las corporaciones no dudan en inclinar la cabeza cuando cometen un fallo_ y el país con el mercado más duro y competitivo del mundo, Estados Unidos. Un país orientado a los negocios y a generar beneficios para sus empresas, caiga quien caiga.

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