El Orbitador y el aterrizador de ExoMars 2016, separados con éxito

«Schiaparelli» pondrá a prueba la tecnología necesaria para el envío de un rover en el 2020 con un aterrizaje controlado, mientras su nave nodriza se colocará en una órbita elíptica alrededor de Marte

Así desciende «Schiaparelli» hacia Marte
DPA

Los componentes de la misión ExoMars 2016 -orbitador TGO (Trace Gas Orbiter) y el aterrizador Schiparelli- han culminado con éxito sus maniobras de separación en el acercamiento a Marte. Tras siete meses de viaje, Schiparelli se separó de TGO este domingo para iniciar su viaje de tres días hasta la superficie de Marte. Las señales de telemetría recibidas en el control de la misión han sido en todo momento satisfactorias.

Ya este lunes, a las 04.42 hora centroeuropea, el orbitador TGO completó una maniobra de elevación de órbita como estaba previsto. Sin la maniobra, la nave espacial, como Schiaparelli, permanecería en un curso de colisión con Marte, informa la ESA.

Tras disparar su motor durante aproximadamente 1 minuto y 46 segundos la órbita de la TGO se elevó varios cientos de kilómetros por encima del planeta, antes de su inserción en la órbita planeada para el miércoles, el mismo día en que Schiparelli llegará a la superficie.

Schiaparelli pondrá a prueba la tecnología necesaria para el envío de un rover en el 2020 con un aterrizaje controlado, mientras su nave nodriza se colocará en una órbita elíptica alrededor de Marte.

Con el paso de los meses, TGO peinará los límites exteriores de la atmósfera para reducir su órbita. Su órbita circular final, a aproximadamente 400 kilómetros de altitud, permitirá que comiencen cinco años de actividad científica a partir de diciembre del 2017. 

El aterrizaje previsto para el día 19 

La tensión aumenta con cada kilómetro que la sonda de la ESA y Roscosmos se acerca a Marte. La Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos tienen previsto aterrizar por primera vez de forma conjunta en el Planeta Rojo con el módulo de pruebas Schiaparelli, que se posará en la superficie marciana el 19 de octubreSchiaparelli forma parte de la multimillonaria misión ExoMars, con la que se quieren buscar restos de vida en Marte, y llegará al planeta vecino después de haber recorrido 500 millones de kilómetros durante siete meses.

«Todo debe funcionar con una precisión de milisegundos», explica el ingeniero argentino Jorge Vago, uno de los responsables del ambicioso proyecto. «Y nuestras posibilidades de influir son cero», añade. Los datos de la sonda necesitan diez minutos para llegar de Marte a la Tierra y la maniobra de aterrizaje la controla una computadora. Así que para cuando el centro de control recibiese información sobre hipotéticos problemas, Schiaparelli ya sería basura espacial sobre la superficie de Marte.

«Por eso cuando los estadounidenses se refieren a esa maniobra hablan de los 'siete minutos de horror'», cuenta Vago. «En nuestro caso son seis minutos», el tiempo programado para la secuencia de aterrizaje. «Nuestras simulaciones nos dan unas posibilidades de éxito de casi el 98 %», añade confiado el ingeniero argentino.

Los expertos de la ESA y Roscosmos se juegan mucho con esta maniobra. No sólo sería el primer aterrizaje conjunto en Marte en la historia de ambas agencias, sino que serviría para impulsar la financiación del proyecto. La ESA ha puesto 1.300 millones de euros en el proyecto y Roscosmos otros 1.000 millones, pero el futuro de ExoMars no está garantizado. La segunda fase del proyecto, que incluirá el aterrizaje de un «rover», estaba planeada para el 2018, pero fue retrasada hasta el 2020. Así que la ESA deberá conseguir que sus estados miembros cubran los costes generados por ese retraso, unos 300 millones, según explicó Vago a dpa.

También la financiación es un tema delicado para Roscosmos. Ante la fuerte recesión que vive Rusia, el Gobierno recortó en primavera en un 30 % del presupuesto para la navegación espacial, aunque Moscú sigue considerando que ExoMars es un importante y prestigioso programa. Y en tiempos de tensiones políticas como las existentes sobre la guerra en Siria o Ucrania, este proyecto conjunto también es un importante puente entre Rusia y Occidente. Para el experto ruso Maxim Mokroussov, ExoMars es un prototipo para futuras cooperaciones internacionales. «Los conocimientos y la técnica pueden utilizarse por ejemplo para una misión a la Luna», apunta. Y es que Roscosmos quiere enviar en los próximos años satélites al satélite de la Tierra y para el 2030 incluso astronautas.

Con ExoMars la ESA y Roscosmos están poniendo a prueba su cooperación técnica en muchas áreas. En marzo despegó de la base rusa de Baikonur (Kazajistán) el satélite de investigación TGO (Trace Gas Orbiter) con instrumentos de ambas agencias y el módulo Schiaparelli.  Entre los objetivos del TGO está buscar en la atmósfera de Marte restos de metano que podrían tener un origen biológico, lo que sería un indicio de la posible existencia de vida en Marte.

Pero antes el satélite tendrá por delante una larga maniobra de frenado. Según los planes de la ESA y Roscosmos, hasta finales del 2017 el TGO no alcanzará la órbita deseada para poder emprender su investigación a unos 400 kilómetros sobre Marte.

La parte central de la misión es el «rover» que debería empezar a recorrer el Planeta Rojo en el 2020. Su objetivo es buscar restos de vida pasada y para ello podrá perforar hasta dos metros en la superficie, mucho más que los pocos centímetros que taladraron hasta ahora los vehículos enviados en misiones estadounidenses.

La experiencia con el módulo de pruebas «Schiaparelli» será fundamental para que dentro de cuatro años el «rover» de ExoMars pueda funcionar con éxito. «Es como si estuviesen haciendo el examen final en el colegio y ya pensasen en que el próximo año tienen que ir a la Universidad», explica Vago sobre las expectación que despierta el aterrizaje del próximo miércoles. Tienen un ojo puesto en esa maniobra y el otro en los nuevos retos que les esperan. «ExoMars necesita urgentemente buenas noticias», concluye el científico argentino.

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