La generación «1.5» contra el tornado Trump

Veinteañeros nacidos fuera de EE.UU., pero que han crecido en el país, hacen campaña para que el voto latino ejerza su influencia y ganar la partida al republicano en estados clave

El voto latino El voto latino

La Voz en EE. UU.

«¿Se han registrado ya para votar». Carolina y Luisa llevan toda la mañana haciendo la misma pregunta a los transeúntes que cruzan frente a la mesa que han instalado en la calle 18, al sur del Loop, en Chicago. Hay quien contesta que ya lo ha hecho, otros no tienen tiempo. Pasan de largo. El proceso no despierta su interés porque ni Hillary Clinton ni Donald Trump son para ellos una alternativa válida. Las dos muchachas, que rondan la veintena, solo han logrado que unos pocos rellenen la documentación para poder ejercer su derecho al voto.

Luisa es de Ecuador. Carolina, de México. Las dos son voluntarias de Chicago Votes, una organización que trata de fomentar la participación en las elecciones del día 8, fundamentalmente entre la población latina. «Nuestro voto es muy importante porque nosotros somos muchos, tenemos bastante poder, pero la mayor parte no saben que podemos hacer cambios», dice Luisa. ¿Y qué opina ella de los candidatos?: «No quiero pensar qué pasaría en caso de que Trump gane. No entiendo qué les ha pasado a los que le han ayudado a llegar hasta ahí», responde. Pero no todo el mundo piensa igual. «Hay mexicanos que llevan aquí muchos años legales y votan a Donald Trump», apunta una abogada con despacho en la misma calle.

Colectivos como Chicago Votes están alentando también la movilización en otros estados que serán clave como, por ejemplo, Arizona, donde el discurso migratorio de Trump podría dar un giro al resultado del día 8 en un territorio donde tradicionalmente la ventaja es para el partido republicano. Lograr un incremento de participación entre un segmento de la población que en las elecciones a la Casa Blanca del 2012 consiguió una movilización de menos del 48 % de los que tenían derecho a voto es fundamental. Al menos eso dicen estas voluntarias. 

Visados cada dos años

Luisa y Carolina forman parte de la Generación 1.5, inmigrantes que llegaron al país de niños con sus padres. Han crecido aquí, se desenvuelven en inglés mejor que en el idioma de sus países de origen e incluso hay los que no quieren hablar en español. El problema es que muchos todavía no tienen la nacionalidad. Luisa la logró después de varios años de trámites. «Llegué aquí a los seis años, no me la dieron hasta cumplir los 18. Tardé doce años», dice. Carolina llegó a Estados Unidos cuando era también muy niña, pero ella aún no ha logrado obtener la ciudadanía. De momento, tiene que conformarse con ser una de las acogidas al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), una idea puesta en marcha en el 2012 por el Gobierno de Obama para evitar la deportación de los dreamers, como también son conocidos los miembros de esa Generación 1.5. «Puedo estudiar y trabajar, pero debo renovar el permiso cada dos años. De momento, mis padres son ilegales, pero están esperando a que mi hermano, que nació aquí, llegue a los 21 años para poder arreglar los papeles», comenta.

Luisa es también parte de un colectivo que «dibuja un cambio demográfico en un país donde cada vez son más los ciudadanos latinos que llegan a la mayoría de edad y pueden mudar el tipo de voto», como explica la profesora de Sociología de la Universidad de San Diego, Abigail Andrews. ¿Podría esto acabar a medio plazo con el bipartidismo que reina en EE.UU.? Complicado. La socióloga de San Diego es clara: «Es muy complicado que surja un tercer partido que pueda pujar por el Gobierno porque tanto el partido Republicano como el Demócrata tienen mucho poder».

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