El día que la telerrealidad de Trump derrotó a la política

Cuando Bill Clinton ni siquiera sabía quién era Mónica Lewinsky, Donald Trump ya salía en las revistas del corazón. El magnate participó durante 15 años en un reality. Y supo sacarle partido


redacción / la voz

Donald Trump se puso el disfraz de antisistema y de outsider cuando irrumpió como un elefante en las primarias del partido republicano. Pero para nada era un desconocido para la opinión pública y publicada estadounidense. El magnate se hizo popular en los 80, cuando el reaganismo reinaba en la política estadounidense y un libro firmado por él, The Art of the Deal, le dio fama como empresario de éxito y gurú. Entonces, cuando Bill Clinton no había oído hablar de la existencia de Monica Lewinsky, Trump ya era un habitual de las revistas y los programas de información rosa por el sonado divorcio de su primera mujer.

El presidente electo de Estados Unidos nunca rehuyó ni de micrófonos ni de focos ni de cámaras. En el año 2004 dio un paso más allá al convertirse en la estrella de un programa de telerrealidad llamado El aprendiz, en el que el culmen de cada entrega era el momento en el que despedía a uno de los concursantes.

En Estados Unidos (y a estas alturas de siglo también en España) es imposible hacer política sin dedicar una gran atención a las nuevas tecnologías. Valga un ejemplo: en su postergado y acertado discurso de aceptación pública de la derrota, la propia Hillary Clinton dio las gracias de forma especial a la gente que había ayudado a su campaña escribiendo mensajes en Facebook. Pero la tele le dio un plus a Trump.

Con sus apariciones el magnate se labró una reputación de hombre resolutivo y empresario de éxito. Se mantuvo fiel al programa hasta que entró en política. Y usó a su personaje para conectar con las bolsas de electores que al final fueron claves para poder llegar a la Casa Blanca. Si en otras elecciones fueron fundamentales Internet, YouTube y redes sociales como Twitter o la mencionada Facebook, en esta ocasión la televisión generalista ha tenido un papel muy importante a favor del vencedor.

Trump ha hecho campaña como hacía televisión. Sus transgresiones de lo que se considera políticamente correcto y su conducta agresiva y chulesca le permitieron acaparar la atención de los medios y ocupar siempre el primer plano de la actualidad.

En un mundo mediático polarizado que cada vez valora más el blanco y negro y la anécdota y el exabrupto son capaces de atraer audiencia inmediata, la infinita paleta de grises de la política tradicional -personificada en Hillary- fue derrotada por la telerrealidad alporizada y radical que encarna el presidente electo Donald Trump, no respaldadado por ningún medio tradicional de importancia.

La victoria del magnate provocó un terremoto en las redes. En España generó trending topics como «tercera guerra mundial» o «Jesús Gil». Y es que hubo quien hizo rápidas analogías entre las figuras de Trump y el fallecido expresidente del Atlético de Madrid. El que fue alcalde de Marbella con un partido independiente tuvo su propio programa de televisión (en Telecinco, metido en una piscina rodeado de chicas en bañador) y llegó a ostentar el bastón de mando municipal gracias a campañas antipolíticas llenas de exabruptos y promesas de rupturas drásticas con el sistema.

La profecía de Los Simpson

Las redes también se acordaron ayer de una emisión televisiva que muchos consideraron profética. En el año 2000 los guionistas de la serie Los Simpson elevaron a Trump a la presidencia de Estados Unidos. En la ficción su gestión fue un desastre descomunal que propició que una de las protagonistas de la serie, la muy inteligente Lisa, tuviera que sucederle en la Casa Blanca. La anécdota ejemplifica cómo cada vez más se desdibujan más las fronteras entre la ficción televisiva y la política real. Y abre la puerta a reflexiones algo apocalípticas. ¿Por qué no pensar en la estrella televisiva Kim Kardashian como presidenciable en un futuro? Agárrense, que vienen curvas.

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