«No quiero un país en el que la gente cambia de acera al ver un negro o un musulmán»

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DAVID MCNEW | AFP

El «shock» por el triunfo de Donald Trump desata manifestaciones en las calles del país

11 nov 2016 . Actualizado a las 08:39 h.

Es miércoles por la tarde. Un día triste en Chicago. La convocatoria llega a través del Facebook: «Protesta frente a la Torre Trump entre las 5 p. m. y las 9 p. m.». El engranaje está en marcha. «No puedo ir porque tengo que ir al trabajo, pero mi espíritu estará frente a la Torre Trump. Ahora más que nunca debemos de estar unidos para mostrar al resto del mundo que no todos los norteamericanos somos estúpidos», lamenta un joven al que le acaba de llegar el aviso. En la estación de metro de Damen, en la línea azul, Olivia y Mary aguardan la llegada del tren que las acerque hasta Clark and Lake, a tan solo unas calles de la torre levantada en el Loop. Llevan dos pancartas coloridas que acaban de improvisar en casa. En una han escrito «¡Dona tu dinero para proteger los derechos civiles!». En la otra: «¡No eres nuestro presidente!».

Olivia, blanca y rubia, no puede creer aún que Trump haya llegado a la Casa Blanca después de todos los comentarios que ha realizado. Tiene miedo: «Vamos a perder derechos por los que hemos luchado mucho durante años».

Desde la parada se ve a lo lejos el skyline de la ciudad. El sonido de los helicópteros que llegan centra la mirada en esa escena. Aparecen en la oscuridad de la noche como pequeños puntos de luz que sobrevuelan la zona por la que hará su recorrido la manifestación. Tanta vigilancia invita a pensar en una noche larga en la que podría haber más de un altercado, pero nada comparable a una manifestación del metal en Galicia. Las protestas de Berkeley, en California, parece que se asemejaron más.

El tren llega y en los vagones se ve mucha más gente armada con palabras que ha impreso en un cartel. Desde Clark and Lake los manifestantes van buscando donde agruparse. Avanzan de forma ordenada en paralelo al río. Algún que otro se para ante las cámaras de las teles que toman imágenes de lo que está ocurriendo. Unos hombres altos, robustos, controlan el entorno de la Torre Trump. No pertenecen a la policía de Chicago. El papel de los agentes del departamento es controlar el tráfico y que los manifestantes no se desordenen. Los hombres robustos parecen más pendientes de otra cosa. La manifestación, al grito de «Trump vete a casa» y «No eres nuestro representante», es pacífica. La mayor parte son jóvenes. Pero también hay gente mayor. Afroamericanos. Latinos. Anglosajones. Musulmanes... Hay muchos ojos llorosos. «Estoy aquí por mi hermana. Es gay. ¿Qué va a pasar ahora con ella? No quiero vivir en un país donde la gente cambia de acera al ver pasar un afroamericano o un musulmán. No podemos permitir eso. Por eso estoy aquí», dice Sarah, una joven blanca con una pancarta que dice: «Tú no me respetas».

La marcha continúa por el Loop. Algunas personas van sumándose con carteles que improvisan con bolsas de papel. Los turistas cambian la dirección de sus objetivos para llevarse la imagen del descontento y el miedo.