El equipo de transición se enfrenta a su primera dimisión: la de James Clapeer como jefe de la Inteligencia Nacional
18 nov 2016 . Actualizado a las 07:31 h.Han sido muchos meses de retórica «trumpiana» contra históricos aliados de EE.UU. y por ello, ayer algunos trataron de poner fin a tanta incertidumbre. Ha sido el caso del primer ministro nipón, Shinzo Abe, primer dirigente en reunirse con Donald Trump tras su victoria presidencial. «Me gustaría abordar nuestros sueños de futuro», confirmaba Abe antes de cruzar el Pacífico con destino Nueva York. La inquietud de Tokio no ha desaparecido desde que el outsider republicano amenazó en campaña con retirar las tropas estadounidenses de Japón y Corea del Sur, a menos que estos pagaran más por la presencia militar.
Un asesor de Trump aseguró a Reuters que el presidente electo trataría de «tranquilizar a Abe». «Hay un equipo con él [Trump], que está discutiendo tanto temas de política como de protocolo», dijo.
Los interrogantes no solo surgieron entre los periodistas desplegados en la Torre Trump, el encuentro con Abe ha despertado preguntas en la comunidad diplomática de Washington, porque el presidente electo todavía no había contactado con el Departamento de Estado para recibir la información diplomática pertinente», según The Washington Post.
En paralelo, la compleja maquinaria de transición presidencial tropezaba con la primera dimisión de la era Trump: la de James Clapper, director de Inteligencia Nacional. Hizo el anuncio durante su comparecencia en una comisión de la Cámara baja. Aclaró, no obstante, que todavía le quedan «64 días» de trabajo, hasta que concluya el mandato de Obama en enero. Su adiós es una clara señal para que la Administración Trump acelere una transición que no pasa por sus mejores momentos, aunque desde dentro sigan negando la mayor.
Kellyanne Conway, jefa de campaña, desmentía cualquier lucha de poder o purga dirigida por Jared Kushner: «Jared es un consejero de su suegro y eso no cambiará. Los hijos de Bush también estaban involucrados en la administración de su padre y uno se convirtió en presidente», recordó. Quien está ahora en el foco de la polémica es Frank Graffney, un destacado antimusulmán que forma parte del equipo de transición del presidente electo.
Cita con Romney
Trump sigue mientras con sus cábalas: «Hoy me encontraré con grandes candidatos», adelantaba en Twitter, antes de recibir a la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki R. Haley. Aunque no le apoyó en primarias, ahora es una de las candidatas a la secretaría de Estado, según The New York Times. Otro de los aspirantes es Mitt Romney, excandidato presidencial y con quien Trump se reunirá este fin de semana, a pesar de los insultos cruzados entre ambos durante la campaña.
Quien también puso ayer los pies en el famoso rascacielos de la Quinta Avenida fue el exsecretario de Estado Henri Kissinger, con quien Trump habló sobre «China, Rusia, Irán y la Unión Europea». El multimillonario además recibió a Jeff Sessions. Este senador por Alabama aparece en todas las quinielas para el puesto de fiscal general, aunque The New York Times sostiene que las acusaciones de racismo que pesan sobre él, podrían complicar sus aspiraciones.
Otro de los nombres que suenan para la nueva Administración es el de Ted Cruz, con quien se reunió Trump el martes a pesar de los enfrentamientos que tuvieron en campaña. «Si buscas a alguien para reemplazar a Antonin Scalia, Ted Cruz encaja en la propuesta», defendió Lindsey Graham, para que Cruz ocupe la silla vacía que dejó el juez en el Tribunal Suprema. Ayer ya se envió a la Casa Blanca la lista de las personas que se incorporarán a Defensa, Estado y el Consejo de Seguridad Nacional. Una especie de «equipo de aterrizaje» que comience a gestionar la transición in situ.