Trump ficha a los líderes de Amazon, Pepsi y Tesla para su consejo de ricos

El magnate lima las diferencias de la campaña electoral con la élite empresarial


NUEVA YORK / CORRESPONSAL

Donald Trump sigue sin salirse de lo que ya parece una tradición desde el pasado 8 de noviembre: rodearse de plutócratas que, paradójicamente, llegarán a Washington con muchos millones de dólares en sus bolsillos para luchar por la clase trabajadora.

Las fortunas de los futuros ministros estadounidenses superan los 11.000 millones de dólares, una cantidad que se queda corta si la comparamos con las ganancias de los miembros del recién creado Strategic and Policy Forum (Foro de Estrategias y Políticas). Un grupo de asesores de élite que aconsejarán a Trump en materia económica y al que ayer se incorporaban Elon Musk, CEO de Tesla y Space X, Travis Kalanick, CEO de Uber, e Indra Nooyi, CEO de Pepsi.

Se trata de unos nombramientos que sorprenden si se tiene en cuenta que Kalanick y Musk fueron grandes críticos de la candidatura del magnate. «Me mudaré a China si él gana», dijo Kalanick en octubre del 2015.

Los tres se unen así a otras 16 celebridades que se reunirán periódicamente con el presidente electo y cuyo primer encuentro tendrá lugar a principios de febrero en la Casa Blanca. La mesa, presidida por el presidente de Blackstone, Steve Schwarzman, contará con algunos de los ejecutivos que el magnate más censuró en campaña. Buena prueba de ello es la presencia de Jamie Dimon, CEO de JPMorgan y a quien Trump calificó como «el peor banquero del mundo».

Sea como fuere, la presencia de estos 19 hombres sella una evidente reconciliación con Wall Street, tras una guerra abierta en la que Trump reprochó una influencia en la política americana que ahora él repite sin reparos.

Silicon Valley y Trump

Los nuevos nombramientos se conocieron horas antes de que el presidente electo se reuniera con algunos de los empresarios más relevantes de la industria tecnológica, que también apostaron de forma mayoritaria por Hillary Clinton y contra quienes Trump también dirigió su artillería.

Ayer fue el momento de tender puentes y ver cómo los gurús tecnológicos y líderes de Facebook, Apple, Amazon o Google, se reunían en lo alto de la Torre Trump para enterrar el hacha de guerra y hablar sobre empleo.

«Igual que el presidente Kennedy puso al país en la carrera espacial, puede haber un mensaje motivador que muestre que la administración (de Trump) lleve el liderazgo estadounidense hacia la innovación», dijo optimista el cofundador de Microsoft, Bill Gates, tras su encuentro con el neoyorquino, el pasado martes.

La mesa redonda tecnológica tuvo lugar gracias a la intermediación de Jared Kushner, yerno del magnate y con quien Trump quiere contar en su Gobierno. Los letrados de ambas dinastías trabajan día y noche para buscar cómo conseguir que Kushner llegue a Washington sin caer en posibles conflictos de intereses.

Otro de los leales que sin embargo no tendrá la misma consideración será el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, quien recientemente se descartó en pleno proceso de selección de cara a la futura secretaría de Estado.

«Donald Trump creía que Giuliani carecía de resistencia para cumplir con los deberes que implica dirigir la diplomacia estadounidense», confesó una fuente del equipo de transición a The Wall Street Journal, revelando que sus 72 años podrían haber tenido mucho que ver en su descarte. «Mi resistencia es increíble», replicó Giuliani, aparentemente ofendido, al rotativo.

Discusión entre espías sobre los ataques de los «hackers»

El equipo de transición tuvo que salir a apagar otro de los fuegos que con asiduidad enciende el presidente electo. En esta ocasión, fue el de los informes de inteligencia que Donald Trump dijo negarse a recibir todos los días porque es «un tipo listo y lo pido cuando lo necesito». Así lo dijo el pasado domingo para escándalo no solo de la propia inteligencia estadounidense, sino también para el Gobierno y buena parte del establishment de Washington, acostumbrados a manejar un protocolo que Trump parece no querer seguir, a pesar de que el Informe Presidencial Diario es el documento de mayor nivel que se elabora en Estados Unidos.

«Cada día recibe un informe», corrigió su portavoz Sean Spicer, añadiendo que para ello se reúne con su asesor de seguridad nacional, el general Michael Flynn. Después, «tres veces por semana recibe el informe completo de inteligencia», añadió.

Advertencia de Panetta

El matiz se producía tras el aviso que el exdirector de la CIA Leon Panetta lanzaba al empresario: «Si sufrimos otro ataque y los funcionarios de inteligencia tenían información sobre él y el presidente no quiso saberlo, la responsabilidad de ese ataque caería en el presidente».

Días antes, había sido el propio presidente Obama quien advirtió que, sin los informes de inteligencia, Trump andaría a ciegas: «No importa lo listo que seas, tienes que tener la mejor información posible para tomar las mejores decisiones»

Uno de los asuntos más candentes sobre los que trabaja la inteligencia de Estados Unidos es el de la supuesta injerencia rusa en las elecciones, que según la CIA buscaba beneficiar al magnate a través de diversos ciberataques que han sido analizados por The New York Times.

Bajo el título «El arma perfecta», el diario revela cómo Rusia consiguió atacar al Comité Nacional Demócrata a través de hackers vinculados con el Kremlin. «La falta de comprensión del alcance de los ataques socavó los esfuerzos para minimizar su impacto», dice el estudio tras reprochar la renuencia de la Casa Blanca a responder enérgicamente contra los rusos.

«Las normas democráticas han sido y siguen siendo violadas y cualquiera que se rehúse a reconocer esta realidad es cómplice de la degradación de nuestro país», advierte Paul Krugman.

Mientras tanto, las agencias todavía no alcanzan un consenso sobre el alcance real del ataque. La Oficina del Director de la Inteligencia Nacional (DNI), por ejemplo, cree que sí hubo una injerencia rusa a través de la Red, pero no cree que el objetivo fuera ayudar a la victoria de Trump. Una tesis contraria a la que sostiene la CIA y que Obama ha ordenado investigar y publicar sus resultados antes de que Trump sea investido presidente.

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