«Se veía venir algo terrible», reprochan las oenegés y la oposición al Gobierno de Michel Temer
04 ene 2017 . Actualizado a las 08:11 h.Brasil sigue conmocionado por la matanza que acabó con la vida de 56 presidiarios en la cárcel Anísio Jobim, en Manaos. Pasaba por ser el penal más grande del estado de Amazonas y su población reclusa casi cuadruplicaba la capacidad real del centro. En sus pasillos convivían diversas facciones criminales, pero los incidentes no pasaban de peleas aisladas y algún amago de motín.
Hasta que el pasado domingo la Familia do Norte, la organización que controla el tráfico de drogas desde Perú y que ostentaba el control del trapicheo en el penal de Manaos, decidió cobrarse una deuda pendiente desde hacía casi cien días. En una orgía de violencia y sangre que duró más de 17 horas, acorralaron a los presos pertenecientes al Primeiro Comando da Capital -la principal mafia de traficantes de Río de Janeiro, que masacró al Komando Vermelho, aliados de la Familia do Norte, el pasado octubre en otro motín en Roraima- y mataron a sus principales referentes, al tiempo que los decapitaban.
La imagen de los cadáveres amontonados a la puerta de la galería donde estaban los miembros del Primeiro Comando da Capital disparó las críticas de la oposición al Gobierno de Michel Temer y de las organizaciones no gubernamentales que llevaban meses advirtiendo de un desenlace fatal. «Se veía venir», le recordaron este martes al Ejecutivo esos mismos colectivos.
Según estimaciones oficiales, entre el 2000 y el 2014 la población carcelaria creció casi un 170 %, alcanzando los 622.000 reclusos y colocando a Brasil en el cuarto lugar del mundo en número de presos, solo superado por Estados Unidos, Rusia y China.
Hacinamiento
Brasil, sin embargo, tan solo tiene 371.884 plazas carcelarias, por lo que alberga en sus celdas un 67,3 % más de presos de lo que sería posible. Para paliarlo, el Gobierno anunció una inversión de más de 300 millones de euros con los que poner en servicio 20.000 nuevas plazas penitenciarias que serían destinadas a los presos de mayor peligrosidad.
Mientras, la policía sigue buscando a los más de 180 presos que aprovecharon la confusión en el interior del penal de Manaos para darse a la fuga. Alguno incluso se burló de los agentes subiendo a las redes sociales imágenes de su huida tomadas con sus teléfonos. De momento, cuarenta de los fugados ya han sido capturados y devueltos a prisión.