Putin ordenó influir en los comicios en EE.UU. y busca repetirlo en Europa

Su objetivo era ayudar a ganar a Trump, pero este solo ve una caza de brujas


Nueva yORK / cORRESPONSAL

El presidente Vladimir Putin ordenó lanzar una campaña de ciberataques con el objetivo de ayudar a Donald Trump a ganar las elecciones presidenciales, desprestigiando a su adversaria Hillary Clinton. Así de claro y taxativo es el informe desclasificado ayer por las agencias de inteligencia de EE.UU. Y advierten: Moscú va a aplicar las «lecciones aprendidas» en su injerencia en las presidenciales para intentar influir en las elecciones de otros países, incluyendo «aliados estadounidenses». En la mente de todos está los próximos comicios en Francia y Alemania, y el temor del ascenso de la ultraderecha.

El objetivo de Rusia era «minar la confianza en el proceso democrático estadounidense, denigrar a la secretaria Clinton y dañar su capacidad de ser elegida y su potencial presidencia», afirma el informe de 50 páginas. Según The Washington Post, varios funcionarios rusos no solo celebraron la victoria de Trump, sino que también hablaron de «triunfo geopolítico de Moscú».

El responsable del robo de correos de la campaña de Clinton fue el pirata Guccifer 2.0, considerado una herramienta del órgano militar ruso de espionaje (GRU). También aparecen identificados los intermediarios que filtraron los correos a Wikileaks.

En un comunicado posterior a la reunión en la que los dirigentes de Inteligencia Nacional, NSA, FBI y la CIA le presentaron el informe, Trump se comprometió a combatir los ciberataques, pero insistiendo en que «no tuvieron ningún efecto en el resultado de las elecciones».

Antes de esa cita el magnate insistía en la teoría de la conspiración. «Salieron muy mal parados en las elecciones. Gané más condados que Ronald Reagan. Están muy avergonzados y en cierta medida es una caza de brujas», sentenció en una entrevista concedida a The New York Times. Volvía a tirar del argumento de la «rabieta demócrata» para justificar su escepticismo y criticar la acusación al Kremlin: «China hackeó 20 millones de cuentas gubernamentales ¿Cómo es que nadie habla de eso?», dijo en referencia al pirateo de datos de empleados públicos en el 2015.

El documento fue presentado ayer a Barack Obama y defendido en el Senado. «Yo espero que cuando el presidente electo reciba sus propios informes (…) se reduzcan las tensiones actuales», reflexionaba el presidente saliente. El vicepresidente Joe Biden en cambio, prefirió dejar a un lado el tono conciliador: «Madura Donald. Es tiempo de ser adulto. Eres presidente», dijo.

En medio de la controversia, James Woolsey, exdirector de la CIA y asesor de Trump presentaba su dimisión. La tensión llegó hasta el pleno del Congreso, donde varios legisladores demócratas trataron de invalidar el resultado electoral por la supuesta injerencia rusa. Finalmente, las protestas cayeron en saco roto y el Congreso confirmó el triunfo de Trump.

«La diversidad no es una amenaza, es lo que somos»

Michelle Obama se despidió ayer oficialmente, con gran emoción, de su papel como primera dama, horas antes de la fiesta de despedida privada en la Casa Blanca, a la que estaban invitados cineastas y cantantes famosos. «Haber sido primera dama fue el mayor honor de mi vida», dijo. «Espero haberos hecho sentiros orgullosos», agregó. Michelle quiso enviar un mensaje particular a los jóvenes en su último discurso y subrayó que la «gloriosa diversidad» de Estados Unidos «no es una amenaza», dado que, según dijo, «es lo que somos». 

Japón se encara con el proteccionismo del magnate

La amenaza de Donald Trump a Toyota tuvieron ayer la respuesta del Gobierno japonés. Tokio salió ayer en defensa de ese marca y de su industria automotriz, como un importante contribuyente para la economía estadounidense. «Toyota es un importante ciudadano corporativo de Estados Unidos», defendía el portavoz del Ejecutivo de Shinzo Abe, Yoshihide Suga, tras respaldar unos números que hablan de una inversión directa de casi 22.000 millones de dólares, además de disponer de diez plantas de fabricación, 1.500 concesionarios y 136.000 empleados en Estados Unidos.

«Toyota siempre se esforzó por comportarse como una empresa responsable en Estados Unidos», dijo, y aseguró que el presidente electo «es un hombre de negocios que ha trabajado en el extranjero y debería saberlo».

Trump sin embargo, lo tiene claro: o Toyota construye en EE.UU. la planta que tiene previsto levantar México, o tendrá que hacer frente a fuertes aranceles para la comercialización de sus vehículos en concesionarios estadounidenses. Su amenaza provocó ayer la caída de valor de Toyota, después de que sus acciones retrocediesen más de un 3 % en la bolsa de Tokio.

A golpe de tuit, Trump ha golpeado sin piedad esta semana al sector de la automoción. Ahí están los nombres de Ford, General Motors o Toyota Motor para demostrar que el empresario iba en serio y que sus amenazas constituyen un anticipo de una etapa de ultraproteccionismo. La incertidumbre por las consecuencias que podría tener esta doctrina en la economía global ha puesto en alerta a los analistas.

Efecto dominó

«Esto es solo el comienzo, aún falta más», advirtió el martes Trump al felicitarse por la cancelación de Ford del proyecto de construir una planta de ensamblaje en San Luis Potosí. «Obviamente no es una buena noticia», respondió entonces el ministro de Economía mexicano, Ildefonso Guajardo, aturdido tras el golpe del presidente electo.

La industria automotriz siempre ha sido un símbolo de estatus y salud de la manufactura en Estados Unidos por lo que «si Trump puede demostrar que influye en cómo hacen negocios empresas como Ford o General Motors, tendrá esperanzas en que pueda haber un efecto dominó y otras compañías sigan el ejemplo», anticipa el analista Jeremy Acevedo. El magnate obtuvo miles de votos en el cinturón industrial (Rust Belt), donde se asienta el sector automoción, bajo la bandera de «fabriquen en los Estados Unidos de América».

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