Rafael Matesanz: «Varios políticos me hicieron la vida imposible y tuve que irme a Italia»

El nefrólogo que colocó a España como líder mundial de trasplantes deja su cargo en marzo con un nuevo hito


redacción / la voz

Nunca ha tenido pelos en la lengua. Y menos ahora, que está a punto de dejar un cargo en el que lleva 28 años y que le ha valido para colocar a España como líder mundial en materia de donación y trasplantes. En este tiempo se ha reconocido la labor de gestión del nefrólogo Rafael Matesanz (Madrid, 1949) con un Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional; ha conseguido sobrevivir a quince ministros de Sanidad como presidente de la Organización Nacional de Trasplantes -de los que se lleva buenos amigos y alguna que otra zancadilla que lo obligó a hacer las maletas e irse a vivir dos años a la Toscana- y con su equipo logró que se aprobara la directiva europea de trasplantes. Ahora echa la vista atrás y aprovecha para recomendarle a su sucesor «mano izquierda y que no se posicione políticamente». Y les da un tirón de orejas a los gallegos, que tienen la tasa de negativa familiar para donar órganos más alta del país.

-Usted fundó la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) hace 28 años cuando, según sus palabras, la situación era «desastrosa». ¿Cómo ha conseguido colocar a España como primer país en donaciones y trasplantes?

-Cuando yo llegué a la ONT no había nada, los hospitales se las ingeniaban como podían y muchos pacientes se tenían que ir a otros países para recibir un trasplante de pulmón. Era una situación realmente dramática. A lo que nos hemos dedicado es a ser serios e innovar continuamente para no quedarnos atrás. Los éxitos de estos últimos años se deben al trabajo de hace siete u ocho años, que han estallado ahora. Además ha sido clave el hecho de no ceder a ningún tipo de presión y mantener la mente fría.

-¿Qué retos tiene por delante su sucesor?

-Quien me sustituya tendrá que seguir las líneas que nos han permitido llegar hasta aquí. Es un capital que tenemos que cuidar, ya que todavía no hemos alcanzado el 100 % de nuestras expectativas. Hay que seguir trabajando en la donación por parada cardíaca, mejorar las cifras de negativas familiares y el reto más claro: conseguir que se trasplanten más órganos por cada donante. Hay que entrenar a la gente y una cosa que es novedosa incorporarla a la rutina. Luego hay cosas que dependen de la voluntad política, y ahí nosotros poco podemos hacer.

-¿A qué se refiere?

-A que en investigación, por ejemplo, no hemos tenido nunca competencias, a pesar de que yo las he solicitado muchas veces. Probablemente, el desarrollo de este campo se hubiese visto beneficiado si la ONT hubiese tenido capacidad de decisión. Pero como digo, es más un problema de voluntad política.

-¿Le ha resultado complicado lidiar con los políticos?

-He tenido que trabajar con quince ministros. Cada uno, por supuesto, con su forma de ser y una visión distinta de la sanidad. Con unos me he llevado mejor que con otros. Por ejemplo, a Trinidad Jiménez o Ana Pastor les tengo una gran admiración. Algunos han favorecido muchísimo que la ONT esté donde está, sin embargo otros han sido una piedra en el camino. Estar 28 años en esta historia no se consigue diciendo que sí a todo y abrazando las farolas. Hay que mantener un equilibrio entre la firmeza y la diplomacia, sin posicionarte políticamente. Si mi sucesor se posicionase sería la debacle porque tendría comunidades a favor y comunidades en contra, y lo importante es que cada una aporte aquello en lo que es líder y tenerla al lado.

-¿Hay modas en relación a las donaciones y los trasplantes?

-En el caso de los trasplantes de órganos no hay modas, porque la necesidad está muy clara. Con respecto a las células, el tema es distinto. Yo diría que es una moda muy importante y que va cambiando, porque los criterios científicos también lo hacen en el caso de las células madre sanguíneas. De repente fue el bum del cordón umbilical, parecía que aquello lo iba a curar todo y, finalmente, se ha quedado en su justo término. Y empezó el bum de la médula ósea. En estos casos sí hay tendencias distintas que van cambiando de forma episódica y sí, con un componente de publicidad muchos se están animando a guardar las células del cordón umbilical, que es algo que científicamente tiene poco o ningún sustento. Es un ejemplo muy claro de lo que las modas pueden influir en la opinión pública.

-¿Qué momentos recuerda con especial cariño de sus casi treinta años al frente de la ONT y cuáles preferiría borrar de su memoria?

-Cuando se aprobó la directiva europea de trasplantes en el 2010 lo gestionamos todo nosotros y se sacó una directiva en un plazo de tres meses. Nadie se creía que aquello pudiese ser posible y se hizo gracias al prestigio de los trasplantes en España y de la ONT. Fue un momento especialmente emotivo, como cuando ese mismo año me concedieron el Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional. Los momentos difíciles, que los hubo y muchos, es mejor olvidarlos, pero sí es verdad que ha habido piedras especialmente traumáticas, como cuando me tuve que ir de España a Italia, donde estuve dos años trabajando, cuando Celia Villalobos llegó al ministerio, en el año 2000. Al final salí ganando porque fue una experiencia vital importantísima, pero que te tengas que ir de tu país no solo porque los políticos te retiren de tu puesto, sino porque te hagan la vida imposible y te puenteen es una cosa tremendamente molesta.

-Aunque España es líder en donaciones y trasplantes, Galicia está a la cola de las comunidades autónomas. ¿A qué se debe?

-En estos casos me gusta mencionar a un coordinador gallego que dice que en la liga de campeones de los trasplantes los diecisiete primeros equipos serían las comunidades autónomas españolas. Es cierto que Galicia está a la cola del país, pero si se la mirara de manera independiente sería también líder mundial. Lo que sí se les puede achacar a los gallegos es que la tasa de negativas familiares es la más alta de España y no conseguimos que la cifra descienda: es la gran asignatura pendiente.

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