La gran coalición se parte por el eje en el Parlamento europeo

Conservadores y socialistas se enfrentan por la presidencia


bruselas / corresponsal

Pactos, ambiciones personales y rivalidades se dan la mano hoy en el Parlamento Europeo. Sus eurodiputados están llamados a elegir a su nuevo presidente tras el fin del mandato del socialdemócrata alemán Martin Schulz. El librero de Würselen tuvo que capitular a finales de año después de que su estrategia para revalidar el cargo se diluyese ante la feroz oposición del Partido Popular Europeo, que lo dejó fuera de todas las quinielas. La Eurocámara se ha convertido en un ring de boxeo desde entonces. La gran coalición de progresistas y conservadores está hecha añicos. Nadie quiere ceder el trono y lo reclama para sí. A pesar de existir un acuerdo tradicional entre ambas familias para repartirse la presidencia de la institución a lo largo de dos años y medio cada partido, nadie lo ha respetado. Unos y otros se culpan mutuamente de una traición que hace temblar la estabilidad de la cámara. 

El líder de los socialdemócratas, Gianni Pittella, es uno de los siete candidatos que aspiran a hacerse hoy con el bastón de mando. El italiano demanda el apoyo de la derecha para poner fin a la infrarrepresentación de su familia política en los puestos clave de la UE, donde solo ostentarían la silla de la jefa de la diplomacia europea, en manos de la italiana Federica Mogherini, y la silla del Eurogrupo, a la que se aferra con resistencia espartana el holandés Jeroen Dijsselbloem. La Comisión Europea, pilotada por el luxemburgués Jean Claude Juncker, y el Consejo Europeo, dirigido con destreza sibilina por el polaco Donald Tusk son las dos instituciones estratégicas que conservan los populares, quienes han dejado claro que no respaldarán al candidato socialdemócrata. Su líder, Manfred Webber, hizo caso omiso a las amenazas veladas de Juncker, quien amagó con dejar el cargo si no renovaban a su rival y peculiar amigo político Schulz. Webber dio paso a la candidatura del italiano Antonio Tajani, el ex comisario de Industria y camarada de Berlusconi. En las apuestas parte con ventaja frente a sus contrincantes, por puras matemáticas. Los conservadores son la primera fuerza del hemiciclo, pero sus filas no están lo suficientemente nutridas para alcanzar la mayoría absoluta de los votos (mitad más uno) sin recurrir a su ex socio de coalición y segunda fuerza en la Eurocámara. En peor situación se encuentra Pittella, condenado a coquetear con otros grupos, otrora denostados, o a entenderse con sus enemigos ideológicos con los que su grupo se ha aliado en un buen número de ocasiones para poder sacar adelante normativas de amplio y profundo calado. 

El trono se disputará a un máximo de cuatro rondas, con voto secreto. Solo podrán llegar a la última los dos candidatos que cosechen más apoyos. El triunfo recaerá en manos de quien alcance una mayoría simple. En caso de empate, el reglamento establece que será investido presidente el más veterano (Tajani). Independientemente de quién se proclame vencedor, la señal política será imborrable. Las hostilidades entre conservadores y socialdemócratas están desgastando las costuras de una institución asediada por euroescépticos. Ninguna de las dos fuerzas ha sido capaz de mantener a flote la gran coalición con la que pretendían frenar las inercias destructivas de Le Pen y Farage. El pacto se ha roto y ha perdido a su tercera pata de apoyo, la de los liberales, quienes también presentan a su propio candidato, el belga y férreo europeísta Guy Verhofstadt.

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