redacción / la voz

Parecía más una alfombra que terminaría en un altar que en el Madrid Marriot Auditorium Hotel, donde ayer se dieron cita los rostros más populares del panorama audiovisual español para celebrar eso tan escuchado de la gran noche del cine.

Pasadas las siete de la tarde, actores y actrices lucieron palmito, a pesar de las bajas temperaturas de la capital, para amortizar tantas horas de maquillaje, peluquería y selección de vestuario. Una cuestión en la que la mayoría de actrices coincidieron, ya que pocas fueron las que no portaron ayer un vestido en blanco, beis o color nude. Ana Belén, una de las protagonistas de la gala, demostró cómo, además de llevarse el Goya honorífico a su carrera como actriz, bien podría alzarse también con el galardón a la más elegante con su Del Pozo gris perla. Otras que reinaron con sus looks en estas tonalidades que van ganando terreno al consagrado negro fueron María León, de Juanjo Oliva; las nominadas al Goya a mejor actriz revelación por Kiki, el amor se hace y Tarde para la ira, Belén Cuesta y Ruth Díaz; y Michelle Jenner, que fue vestida de Dior Alta Costura.

Siguiendo la estela de Ryan Gosling en la última edición de los Globos de Oro, fueron varios los actores que se apuntaron a la tendencia de portar atuendos inmaculados. Entre ellos destacó Paco León con un esmoquin de Dsquared2 bicolor. No fue el único atrevido entre los hombres, a los que parece que les resulta aburrida la idea del clásico dos piezas negro. Miguel Ángel Muñoz, por ejemplo, lució una chaqueta con bordados de estrellas. Un paso más allá fue el también actor Eduardo Casanova, que optó por un atuendo rosa empolvado.

Si bien la ceremonia estuvo marcada por un nutrido grupo de celebridades que siguieron a rajatabla el código de vestimenta recomendado para estas ocasiones -vestido largo para ellas, esmoquin para ellos-, fueron varios los que se atrevieron a romper los cánones estilísticos. Candela Peña, por ejemplo, apareció con un dos piezas blanco de Juan Pedro López, y Toni Acosta se enfundó un audaz traje amarillo con pantalón y cola de sirena que hizo enmudecer a más de uno. Eso sí, si alguien dejó boquiabiertos a su llegada a la alfombra roja a los allí presentes fue la estilista Cristina Rodríguez. La asesora de Cámbiame, nominada al Goya al mejor vestuario por No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas y Tarde para la ira no se llevó el cabezón, pero puede presumir de haber sido la reina de las redes sociales ayer por su estilismo.

Si la noche de los Goya es una noche para triunfar dentro y fuera del escenario, los actores saben que la elección de su atuendo será carne de comentarios durante los días posteriores. Uno de los que prendió ayer la mecha fue Pelayo Díaz -también coach del programa de Telecinco-, que llamó «petardas» a aquellas que se decantaron por firmas extranjeras, alegando que a estos diseñadores no les importan nada estas actrices. Sea como fuere, el triunfo de la modelo Nieves Álvarez con su Stephane Rollande es prácticamente indiscutible. Igual que lo es el de la actriz de El final del camino, Cristina Castaño, con su imponente vestido rojo de Versace.

Durante varias horas, los periodistas y curiosos agolpados a las puertas del hotel donde se celebró la gala vieron hacer el paseíllo a todos los actores una vez se bajaron de los coches camino al patio de butacas. Entre medias, cada uno se paraba unos segundos y ponía su mejor cara a los fotógrafos y, muchas, su mejor pierna. El efecto Angelina se dejó notar ayer más que nunca en actrices como Penélope Cruz, Elena Ballesteros o Nerea Camacho. Otras, en cambio, aprovecharon el momento para reivindicar «más personajes femeninos». Lo hizo Cuca Escribano, con un mantón bordado que lució con una sonrisa llena de esperanza.

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Cine en blanco y negro sobre alfombra roja