La UE se verá con el equipo de Trump antes de pedir el cese de hostilidades

Mario Draghi critica la desregulación financiera acometida por el magnate


bruselas / corresponsal

Ni un paso adelante ni un paso atrás. La Unión Europea no quiere mover ficha hasta abordar la ristra de conflictos abiertos por el presidente de EE.UU., Donald Trump, en las dos últimas semanas y pedir un alto el fuego. Uno de ellos tiene como protagonista a Rusia. Washington ha deslizado la posibilidad de ablandar las sanciones contra el Gobierno de Vladimir Putin. La maniobra inquieta a la UE que no desea quedarse sola en la ofensiva viendo cómo su principal aliado estrecha la mano con el Kremlin

A pesar del desasosiego y las tensiones entre los 28, los ministros de Exteriores acordaron ayer que no habrá nuevas sanciones contra Moscú. Tampoco se suavizarán las que están vigentes. «Tenemos una política clara y bien formulada respecto a Rusia y seguiremos adelante independientemente de los gestos de la nueva Administración norteamericana con Moscú», aseguró ayer el ministro de Exteriores español, Alfonso Dastis. Su homólogo británico, Boris Johnson, se alineó con el resto de europeos, a pesar de la complacencia con la que el Gobierno de May ha tratado al nuevo inquilino de la Casa Blanca. «No hay lugar para relajar las sanciones», aseguró. «La UE es clara. Seguiremos sin reconocer la anexión de Crimea», apostilló la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, quien se reunirá en las próximas dos semanas con altos cargos de la Administración estadounidense. La seguridad, la lucha antiterrorista, el cambio climático, el conflicto sirio y la crisis migratoria son algunos de los temas que se abordarán antes de que el presidente Trump pise suelo europeo. Lo hará para acudir a una cumbre de la OTAN a finales del mes de mayo. ¿Habrá tiempo para reunirse con los líderes de las instituciones europeas? Bruselas envió la invitación en diciembre, pero el multimillonario ignora a la Comisión. Su presidente, Jean Claude Juncker, sigue esperando respuesta. «La invitación sigue sobre la mesa», aseguró ayer su portavoz, Margaritis Schinas. 

El último en sumarse a la lista de víctimas de Trump ha sido el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. El italiano fue incapaz de esconder ayer ante la Eurocámara su antipatía por el nuevo equipo de gobierno de EE.UU., que ninguneó su labor acusando a Alemania de manipular el euro y anticipando su colapso en el plazo de año y medio. Tras una encendida defensa de la moneda única como medio de «mantenernos unidos», Draghi arremetió contra la decisión de Trump de dar marcha atrás a la regulación del sistema financiero, una decisión que puede desencadenar nuevas crisis como la que se propagó tras el colapso de Lehman Brothers en el 2008. «Lo último que necesitamos en este momento es una relajación de la regulación», advirtió. 

El Reino Unido podría seguir los pasos de Estados Unidos. Londres se reserva el derecho a tomar todas las medidas necesarias para conservar su plaza financiera si las negociaciones no salen como May tiene previsto. Bruselas quiere evitar nuevas deserciones y no deja escapar la oportunidad de lanzar advertencias. «El estatus que se le ofrezca al Reino Unido no podrá ser tan ventajoso» como ser miembro de la UE, zanjó ayer Juncker.

Presión sobre Libia para que contenga a los inmigrantes en el interior de sus fronteras

«La situación evoluciona lentamente y es preocupante», admitió Alfonso Dastis al ser preguntado por las expectativas de la UE sobre la resolución del conflicto libio. El Gobierno de Trípoli expresó su deseo de colaborar para contener los flujos migratorios en su territorio, desde donde parten el 90% de los migrantes que atraviesan el Mediterráneo hacia Europa. Un compromiso que puede no ser suficiente si los rebeldes de Tobruk se niegan a formar parte del Gobierno de unidad. «Necesitamos un acuerdo inclusivo», demandó Mogherini antes hacer mención a las condiciones «terribles» de los migrantes en los centros de detención del país. Los 28 demandaron ayer a la incipiente autoridad libia que respete los derechos humanos y controle sus fronteras, donde operan los traficantes de personas. A cambio se ofrecieron para reforzar los poderes del nuevo Ejecutivo y formar al nuevo cuerpo de guardacostas libio.

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