El CSIC crea un chip que detecta el VIH solo una semana después de la infección

El nuevo dispositivo, probado con suero humano, permitirá obtener los resultados clínicos en cuatro horas y 45 minutos, cuando en las pruebas convencionales se tardan varios días


redacción / la voz

Un minúsculo chip puede detectar la presencia del VIH en el organismo humano solo una semana después de que se haya producido la infección, cuando en el mejor de los casos en la actualidad se necesita una semana, ya que el cuerpo puede tardar entre 2 y 13 semanas en generar anticuerpos para combatir el virus, que son las señales que indican el contagio. El nuevo dispositivo, probado con suero humano, permitirá obtener los resultados clínicos en cuatro horas y 45 minutos, cuando en las pruebas convencionales se tardan varios días en obtener los resultados, aunque también es verdad que ya existen test ultrarrápidos cuyo diagnóstico debe luego confirmarse.

La nueva tecnología ha sido patentada por científicos del CSIC, que la han licenciado a la empresa Mecwins, una spin-off que surgió del grupo de investigación del Instituto de Microelectrónica de Madrid liderado por Javier Tamayo y Montserrat Calleja. La investigación actual cuenta con la financiación de la Asociación Española contra el Cáncer, ya que está siendo aplicada para la detección precoz de algunos tipos de tumores. «El chip en sí mismo, la parte física, es el mismo para las pruebas de VIH que para los biomarcadores de cáncer. Lo que cambia es la parte química, la solución que colocamos para que reaccione según lo que estamos buscando. Por eso, nuestro trabajo fundamental se centra en desarrollar aplicaciones para esta nueva tecnología», apunta el investigador del CSIC Javier Tamayo, que trabaja en el Instituto de Microelectrónica. 

Microelectrónica

«El biosensor usa estructuras que se fabrican con tecnologías bien establecidas en microelectrónica, lo cual permite su producción a gran escala y a bajo coste. Esto, unido a su simplicidad, lo podría convertir en un buen candidato para ser usado en países en vías de desarrollo», destaca el investigador del CSIC.

El biosensor, cuyo funcionamiento se detalla en la revista científica PlosOne, combina estructuras micromecánicas de silicio con nanopartículas de oro, ambas funcionalizadas con anticuerpos específicos que detectan el antígeno p24. Al final del ensayo, esta proteína es atrapada a modo sándwich entre las nanopartículas de oro y las estructuras micromecánicas de silicio.

 Las nanopartículas de oro presentan resonancias ópticas conocidas como plasmones, capaces de dispersar la luz con mucha eficiencia y se han convertido en una de las estructuras que más interés han despertado en la última década en el campo de la óptica.

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