Trump acusa al FBI y la NSA de filtrar su relación con Rusia para perjudicarlo

El núcleo duro de su campaña tuvo contactos reiterados con los servicios secretos del Kremlin

Trump conversando por teléfono con Putin
Trump conversando por teléfono con Putin

Nueva York / corresponsal

La Casa Blanca se esforzaba ayer en contener la grave crisis abierta por los vínculos con Rusia. A la dimisión de Michael Flynn como asesor de Seguridad Nacional se unieron ayer nuevas revelaciones que apuntan a contactos reiterados entre el círculo cercano a Donald Trump y los servicios secretos rusos ya antes de las elecciones. «Michael Flynn es un hombre maravilloso que ha sido tratado injustamente por la prensa. La prensa de las noticias falsas». Esta fue la primera valoración pública de Trump. El presidente optó una vez más por poner el foco de atención en las «filtraciones ilegales» a los medios. «Esto es una acción criminal», advirtió. Y no dudó en acusar a la inteligencia de su país de dar «información clasificada ilegalmente como si fueran caramelos.». Ante se había desquitado en Twitter fustigando a los medios que investigan el escándalo y apuntando directamente a la NSA y al FBI. Pero sobre el fondo de las denuncias, el presidente no dijo nada y no dio la palabra a los periodistas de los medios involucrados.

Las últimas informaciones apuntan a que agentes estadounidenses interceptaron llamadas que demuestran que miembros del equipo de campaña de Trump mantuvieron contactos repetidos con altos responsables del espionaje ruso el año anterior a las elecciones. Los funcionarios y exfuncionarios mencionados por los medios no revelaron el contenido de las llamadas, ni los asesores involucrados, a excepción de Paul Manafort, que dimitió como jefe de campaña de Trump tras verse salpicado por un escándalo de financiación irregular en Ucrania. «Nunca he hablado conscientemente con la inteligencia rusa», negó ayer Manafort.

Las llamadas interceptadas figuran en la investigación que dirige el FBI en relación a la supuesta injerencia rusa, aunque aún no hay pruebas de que los contactos tuviesen como objetivo torpedear la campaña de Hillary Clinton. «Todo es un escándalo colosal», denunció el jefe de prensa de Clinton, Brian Fallon. «Me gustaría que el FBI explicase por qué envió la carta sobre Clinton y no informó de las llamadas interceptadas», dijo el director de la campaña demócrata, Robby Mook, lanzando al aire otro interrogante más.

Intoxica al partido

En medio del tumulto, prestigiosos analistas advirtieron de cómo la toxicidad trumpiana estaba ensuciando al Partido Republicano. Una postura compartida desde las filas conservadoras, donde senadores como John McCain piden a Trump que ponga orden en su propia casa: «Hay varios centros de influencia en la Casa Blanca que llevan a un grado de desorganización como nunca habíamos visto», dijo McCain de la deficiente cadena de mando presidencial. «¿La Casa Blanca va a tener capacidad de estabilizarse?», preguntó el presidente del Comité de Exteriores del Senado, Bob Corker, a quien Trump llegó a barajar como secretario de Estado.

La agitación política no solo pone en peligro la agenda de la Administración, también ha puesto patas arriba a Capitol Hill. En el Senado, los demócratas piden una investigación independiente para que la mayoría republicana no tenga la tentación de conducir sus indagaciones, pesos pesados del Congreso trataron de calmar las aguas apoyando una iniciativa bipartita que evite un alivio de sanciones al Kremlin. «Si esas sanciones se diluyen, seguramente lo bloquearíamos», advirtió contrariado el presidente de la Cámara baja, Paul Ryan. Ahora, el peso de la responsabilidad cae de su lado teniendo en cuenta que la mayoría en ambas cámaras le da capacidad de decisión para investigar los lazos entre Trump y Putin.

Puzder retira su nominación como secretario de Trabajo

El empresario Andrew Puzder retiró anoche su candidatura a ser secretario de Trabajo, tras confirmarse que su nominación sería rechazada por el Senado. Poco antes, los principales miembros republicanos de la Cámara alta habían instado a la Casa Blanca a retirar su candidatura, según fuentes citadas por la CNN y Politico.

Puzder necesitaba al menos 50 votos para ser confirmado, dos menos de los que tiene en el Senado el Partido Republicano. Sin embargo, cuatro conservadores anunciaron que votarían en contra y los medios hablaban de hasta doce posibles rechazos.

Después de perder la batalla en las nominaciones de Jeff Sessions como fiscal general y Betsy DeVos, como secretaria de Educación (aunque está por la mínima), los demócratas se habían centrado en Puzder. Tenían bastante material en contra: como su política de pagar el sueldo mínimo a los empleados de su cadena de comida CKE, mientras se embolsa cuatro millones de dólares (3,7 millones de euros) al año o su defensa de sustituirlos por robots para no tener que pagar bajas o vacaciones. Además está el caso de su empleada doméstica, una inmigrante ilegal a la que nunca hizo contrato ni pagó su seguridad social.

La Casa Blanca se desmarca de la solución de los dos Estados para el conflicto entre israelíes y palestinos

El  matrimonio Trump recibió a Benjamin y Sara Netanyahu
El matrimonio Trump recibió a Benjamin y Sara Netanyahu

Donald Trump se alejó ayer de la solución de dos Estados para resolver el conflicto entre israelíes y palestinos. «Estoy mirando hacia una solución de dos Estados y de un único Estado, me gustará la que le guste a las dos partes. Puedo vivir con cualquiera de las dos soluciones», anunció en su comparecencia con Benjamin Netanyahu. Se desmarca así de la política sobre Oriente Medio mantenida por EE.UU. desde Jimmy Carter y por la comunidad internacional.

El compromiso de Trump pasó por «trabajar hacia un acuerdo de paz», en el que ambas partes deberán de ceder. «Las dos partes deberán de hacer concesiones ¿Lo sabe, verdad?», dijo a Netanyahu entre risas. La sintonía entre ambos mandatarios fue más que evidente y que el republicano rebajó el tono, también.

Es más, la postura defendida ayer por el neoyorquino contrastó con las informaciones relativas a la reunión mantenida esta semana entre el presidente palestino, Mahmud Abás, y el jefe de la CIA, Mike Pompeo, en la que ambos abordaron la necesidad de impulsar la cooperación en seguridad para conseguir la solución de los dos Estados. De los palestinos, Trump dijo ayer que debían «deshacerse del odio» que según él, les enseñan a tener «desde pequeños».

También criticó a la ONU por tratar «muy, muy injusta» a Israel cuando a finales de diciembre el Consejo de Seguridad condenó sus asentamientos. Eso sí, Trump quiso dar una de cal y otra de arena cuando pareció presionar a Netanyahu: «Espero que aguanten un poco los asentamientos». Tras una respuesta vaga del líder israelí, el republicano zanjó: «No suena muy entusiasmado, pero por eso es un buen negociador».

La falta de concreción también fue protagonista en otra de las polémicas: el posible traslado de la Embajada de EE.UU. a Jerusalén. Trump se limitó a decir que «le encantaría», pero que hay que mirarlo con «mucho cuidado».

En un gesto poco habitual, ambos dirigentes comparecieron ante la prensa antes de reunirse. «Aprecio profundamente su amistad. Israel no tiene mejor aliado que EE.UU. y EE.UU. no tiene mejor aliado que Israel», dijo Benjamin Netanyahu al comienzo de su alocución.

Trump no quiso dejar pasar la ocasión para mostrar su sintonía con el pueblo judío, religión que practica su hija predilecta, Ivanka, su yerno y asesor Jared Kushner. El primer ministro israelí es el cuarto líder internacional en reunirse con Trump en la Casa Blanca, lugar que no visitaba desde noviembre del 2015.

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