Ignacio Calderón: «Celebrar algo bien en España, por desgracia, implica beber»

Pide que los adultos den ejemplo a los menores reduciendo también ellos el consumo de alcohol


redacción / la voz

«Cuanto más hay que celebrar, más nos emborrachamos». Esta frase, a priori, parece ser más propia de un adolescente en un botellón que de un adulto. Sin embargo, esta conducta es seguida por mayores y jóvenes como excusa para tomarse unas copas de más. Lo afirma Ignacio Calderón, director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), quien dirige una campaña orientada a minimizar el consumo de alcohol en menores «que empieza por dar ejemplo todos. No se puede criminalizar a un chaval cuando nosotros tenemos la misma conducta por una cuestión cultural».

-El nuevo plan de acción de la FAD es más que ambicioso: convencer a los adultos de que tienen que reducir el consumo de alcohol para dar ejemplo a los menores.

-Así es. En España, celebrar bien algo, por desgracia, implica beber. Es un fenómeno cultural que tiene relación con la forma que tenemos los españoles de entender las celebraciones, siempre a base de borracheras. Mira sino las imágenes de los momentos posteriores a un partido de fútbol o cómo acaban las cenas de Navidad. No se puede estigmatizar a los menores porque no hacen nada que no hagan sus padres muchas veces, pero en otros contextos.

-¿Cuál es la solución?

-Sería muy sencillo solucionarlo con una ley restrictiva, pero poco eficaz. Vivimos en un país en el que hay fiestas un fin de semana sí y otro también. Por otro lado, somos el primer productor de vino del mundo, así que no se puede ir por la vía de la prohibición porque es poco factible: la clave es educar.

-A padres y a hijos, ¿no?

-Sí. Los padres tienen que intensificar mucho el control. Es su responsabilidad conocer el problema al que se enfrentan sus hijos y preocuparse por cómo tienen que atajarlo, que no es echando una bronca cuando llegan a casa pasados de copas y decirles que nos van a matar de un disgusto. No. Los padres tienen que ser comprensivos y tener una charla al día siguiente con los menores que les haga entender el problema de la situación.

-Un problema al que muchos padres le temen especialmente desde que hace unos meses murió una niña de 12 años en Madrid por una intoxicación etílica.

-Pocos decían nada del abuso del alcohol hasta que se produjo esta desgracia, pero la conmoción dura lo que dura, así que hay que hacer algo. Es un problema muy grave que no podemos pasar por alto.

-¿Qué papel juegan las autoridades en todo esto?

-Tienen que controlar el acceso al alcohol. No se puede hacer una ley y no hacerla cumplir. La venta de alcohol hay que vigilarla muy seriamente. Este es un problema que nos atañe a todos y el gobierno tiene la obligación de crear un plan común, pero enfocado de una manera que se adecúe a los condicionantes de nuestro país. Puedes legislar y decir ‘‘queda totalmente prohibido beber en la calle’’, como en otros países, pero nosotros vivimos en la calle y tenemos fiestas un fin de semana sí y otro también. Es tremendamente complicado.

«La obsesión por volver tarde hace estragos»

«Cuando tu hijo te dice ‘‘voy a salir con los de mi clase’’ es difícil dar una negativa, pero si el chico está bien educado podrá sobrellevar la presión del grupo y salir y no tomar copas, sino será complicado», comenta Ignacio Bayón. Y añade: «El dilema es cómo educar bien en un sistema en el que se relaciona directamente pasarlo bien con beber».

-Comenta que, además, ha cambiado el patrón de consumo de alcohol, lo que complica aún más las cosas.

-Es que el ocio ahora es diferente. Se sale hasta las tantas cuando antes a las dos y media te volvías a casa y te habías tomado dos copas. Hoy en día hay una obsesión por volver tarde y coger el punto cuanto antes que hace estragos. Además hace años que hemos perdido el patrón de consumo mediterráneo de tomarte una copa de vino con las comidas para pasar al nórdico, del big drinking, es decir consumo de atracón.

-¿Qué efectos tiene este tipo de consumo en un adolescente?

-Es especialmente grave porque los organismos se están desarrollando y por la dificultad para manejar los riesgos propios de esta etapa evolutiva.

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