Que Trump montase el gabinete de crisis en una de las salas del hotel en el que se hospedaba el dirigente del gigante asiático fue para muchos toda una declaración de intenciones
08 abr 2017 . Actualizado a las 13:46 h.«Nada, absolutamente nada», dijo Donald Trump entre bromas a los periodistas que hacían guardia en su residencia de Mar-a-Lago. El presidente reaccionó así a las preguntas sobre las negociaciones que mantenía con el presidente chino, Xi Jinping, en una cumbre que pasó a un segundo plano tras el ataque estadounidense contra el régimen sirio de Bachar al Asad. El que Trump montase el gabinete de crisis en una de las salas del hotel en el que se hospedaba el dirigente del gigante asiático fue para muchos toda una declaración de intenciones. Un aviso a navegantes que, entre otros, tuvo como destinatario al gigante asiático para dejar claro el rol que EE.UU. quiere que desempeñe para frenar el programa nuclear de su vecina Corea del Norte. Es más, horas antes de la orden militar, varios miembros de la nueva Administración dejaron claro que Trump presionaría a Pekín y varios medios apuntaron incluso que la Casa Blanca lleva semanas considerando sanciones contra bancos y compañías chinas que facilitan financiación a Pionyang.
«Tremendos progresos»
«Muchos problemas malos van a desaparecer», adelantó Trump antes de confesar que había hecho «tremendos progresos» en una relación bilateral relajada en los últimos días gracias a las conversaciones mantenidas entre la Embajada de Pekín en Washington y el yerno y mano derecha de Trump, Jared Kushner. El fiel asesor participó en todos los encuentros organizados, acompañado en todo momento por el secretario de Estado, Rex Tillerson, y una docena se asesores.
La agenda de la primera cumbre EE. UU.-China estuvo marcada también por el déficit comercial de 310.000 millones de dólares con China. «Hemos sido tratados injustamente y hemos hecho terribles acuerdos comerciales con los chinos durante muchos años», insistió Trump horas antes del encuentro, desde el Air Force One.
En el caso de China, varias fuentes del entorno gubernamental se encargaron de trasladar el deseo de Xi de que el encuentro informal en Palm Beach pudiese inyectar estabilidad a la relación entre potencias y reducir la incertidumbre existente desde que Trump llegó a la Casa Blanca. De hecho, el presidente chino ha invitado al estadounidense a visitar su país este mismo año, y Trump ha aceptado. «Sin conflicto, sin confrontación; respeto y cooperación mutua. Así es como van a intentar definir la naturaleza de la relación entre China y EE. UU.», revelaron varios expertos en Voa News.
La lujosa residencia del multimillonario fue así el escenario de una «interacción distendida» entre los protagonistas, a pesar de las tensiones. La primera dama, Melania Trump, también estuvo en el complejo de West Palm Beach, acompañando a la esposa de Xi, Peng Liyuan.