Se retira Felipe de Edimburgo, el longevo consorte sin pelos en la lengua

Durante las seis décadas que anduvo dos pasos por detrás de su esposa, la reina Isabel II, el duque hizo gala de su temperamento volcánico y alejado de lo políticamente correcto. Repasa todas sus meteduras de pata


En principio iba a ser en otoño pero, finalmente, será hoy cuando el príncipe Felipe de Edimburgo, marido de la reina Isabel II de Inglaterra, se retire de la vida pública. Lo hará en su último acto en solitario como consorte, una ceremonia militar en el palacio de Buckingham. El duque de Edimburgo, que tiene el récord de longevidad de todos los consortes ingleses, pasará revista en desfile a la Royal Navy. Su jubilación ya había sido anunciada en mayo, un mes antes de su 96 cumpleaños, celebrado el pasado 10 de junio.

El príncipe, famoso por fuerte carácter y su sentido del humor polémico y a veces inoportuno, ha estado caminando durante décadas dos pasos por detrás de su esposa, apoyándola desde la ascensión al trono de Isabel II en 1952. «Es mi roca. Ha sido mi fuerza y mi sostén», dijo en el 2011 la reina, poco inclinada a las muestras de cariño en público. Ese año, el duque de Edimburgo cumplió 90 años y soslayó la posibilidad de un retiro: «Es mejor desaparecer que alcanzar la fecha de caducidad».

Ahora, y según confirma un asistente de la familia real, ya podrá gozar de más horas ociosas: «El príncipe Felipe estaba impaciente de poder aprovechar a partir de ahora su tiempo libre».

El consorte más longevo

Felipe de Mountbatten, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich, es el consorte más longevo en la historia de la monarquía británica, a tono con la vitalidad de una Reina que ha cumplido 65 años en el trono.

Aunque a partir de ahora no atenderá compromisos oficiales, el duque goza de relativamente buena salud y, según ha dicho el Palacio de Buckingham, es posible que asista «de vez en cuando» a actos públicos de su elección. Las bodas de platino de Isabel II, que se celebrarán el 20 de noviembre en la abadía de Westminster, para conmemorar el 70 anivesario de su matrimonio, podrían constituir una oportunidad para que el consorte vuelva a participar en un acto público.

Desde que se casó el 20 de noviembre de 1947 con la entonces heredera al trono del Reino Unido, Felipe ha estado durante siete décadas al lado de Isabel II, y juntos han vivido grandes eventos para su familia y el país.

Junto a su esposa, jefa de Estado de 17 países de la Commonwealth, vivió la coronación en Londres en 1953, los divorcios de sus hijos en el «annus horribilis» de 1992 y la muerte en 1997 de Diana de Gales -exesposa de su primogénito, Carlos-, que tuvo un impacto demoledor sobre la rígida familia real británica.

Más lealtad que fidelidad

Casado con una de las mujeres más ricas y famosas del planeta, el príncipe ha cumplido su papel con más lealtad que fidelidad, según cuentan los cronistas que se hacen eco de su legendario donjuanismo así como de su carácter autoritario, debido en parte a una rígida educación militar.

De carácter espontáneo y de temperamento volcánico, tiene fama de malhablado y, sobre todo, de meter la pata. El príncipe Felipe de Edimburgo no tiene ninguna consideración por lo políticamente correcto, aunque en los últimos años se ha moderado. El ex primer ministro británico, Tony Blair, se refirió a el duque en sus memorias: «La gente tiene la impresión de que al príncipe Felipe no le importa nada lo que piensen de él, y tienen razón».

 Sus meteduras de pata más conocidas

«¿Habéis logrado que no os comieran?», preguntó a un joven británico que venía de viajar por Papúa Nueva Guinea en 1998.

«Vosotros tenéis mosquitos, yo tengo periodistas», dijo en Dominica en 1966. Después comparó a los profesionales de los medios con los monos de Gibraltar.

En Australia en 1960, un hombre llamado Robinson lo abordó y le dijo: «Mi esposa, doctora en Filosofía, es mucho más importante que yo». «Tenemos el mismo problema en mi familia», le respondió el duque.

En otra ocasión, un niño le confesó que quería ser astronauta y el duque le respondió que estaba demasiado gordo para volar.

Cuando se le preguntó si le gustaría visitar la Unión Soviética, dijo: «Me encantaría visitar Rusia, aunque esos cabrones asesinaron a la mitad de mi familia» (en alusión a la suerte de los Romanov).

A un profesor de conducción escocés de Oban le preguntó: «¿Cómo te las arreglas para mantener a los nativos lo suficientemente lejos de la bebida para aprobar el examen?».

Su entorno le oyó maldecir mil veces su suerte, gruñir contra la pérdida de valores, o contra las locuras de sus cuatro hijos en los años 80, y hasta contra «los malditos» perros de la reina, que siempre se le pegaban a las piernas.

En un discurso pronunciado en 1986 en una reunión del Fondo Mundial de la Naturaleza, que presidía, dijo: «Si tiene cuatro patas y no es una silla, si tiene dos alas y vuela, pero no es un avión, y si nada, pero no es un submarino, los cantoneses seguro que se lo comen».

Y, durante la cumbre del G20 celebrada en Londres en el 2009, cuando el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, le explicó la apretada agenda de reuniones que afrontaba, le espetó: «¿Y los puede distinguir?».

En otras ocasiones, su estilo jocoso, y esta vez atinado, fue celebrado. Al inaugurar unas nuevas instalaciones en el club de críquet de Lord's en Londres bromeó: «Ahora van a ver al desvelador de placas más experimentado del mundo».

¿Una infancia traumática?

El duque nació el 10 de junio de 1921 en la isla griega de Corfú como príncipe de Grecia y de Dinamarca, el quinto hijo y único varón de la princesa Alicia de Battenberg y del príncipe Andrés de Grecia. Tataranieto de la reina Victoria, como la propia Isabel, y de ascendencia alemana, está emparentado con varias casas reales europeas, entre ellas la danesa, la griega, la noruega, los Romanov en Rusia y los propios Windsor de Inglaterra

A los 18 meses fue evacuado dentro de una caja de naranjas en un barco británico con el resto de su familia cuando se proclamó la república helénica y su tío, el rey Constantino I, -abuelo de la reina Sofía de España- tuvo que exiliarse. Tras hallar refugio cerca de París, su padre empezó a frecuentar los casinos de Montecarlo y la madre, depresiva, se refugió en un convento.

Felipe tenía 10 años. Dejado en manos de parientes lejanos, frecuentó colegios en Francia, Alemania y el Reino Unido hasta terminar en un austero internado escocés. Ingresó después en la Marina Real británica y participó activamente en los combates durante la Segunda Guerra Mundial en el océano Índico y en el Atlántico.

Era un apuesto joven de 18 años cuando conoció a Isabel, antes de la guerra. Lilibet, como la apodaba su madre, tenía 13 años y quedó cautivada. Se casaron ocho años más tarde, el 20 de noviembre de 1947. Felipe, nombrado duque de Edimburgo, tuvo que renunciar a sus títulos de nobleza anteriores y a su religión ortodoxa.

Cuando ambos se casaron, Felipe cambió también de nacionalidad y de apellido (adoptó el materno de Mountbatten), al tiempo que renunció a sus derechos de sucesión en Dinamarca y Grecia.

Las fotos de esa boda en plena posguerra en la Abadía de Westminster, cuando Isabel tenía apenas 21 años y Felipe 26, muestran a una pareja apuesta y sonriente, ella vestida en satén de color marfil y con un diseño de perlas, y él, rubio, alto y con buena planta, con su uniforme de la Armada.

Al año siguiente tuvieron su primer hijo, Carlos, el actual heredero de la Corona, y en junio de 1953, cuando se celebró la coronación de Isabel II más de un año después de morir su padre de forma prematura, el rey Jorge VI, ya había nacido la princesa Ana. 

La descendencia le ha dado disgustos al duque de Edimburgo pues tres de sus cuatro hijos se separaron y uno de los divorcios, el de Carlos y Diana, fue sonado.

La antipatía que sentía el príncipe Felipe por su nuera Diana de Gales era pública y tuvo consecuencias cuando la princesa murió en 1997 en un accidente de tráfico en París junto a su entonces novio, Dodi Al Fayed.

El padre de éste, el empresario egipcio Mohamed al Fayed, llegó a acusar años después al duque de Edimburgo de ordenar a los servicios secretos británicos que asesinasen a Lady Di y Dodi, por el riesgo que su relación tenía para la Corona.

Además de cuatro hijos, el duque de Edimburgo tiene ocho nietos y cinco bisnietos, entre ellos el príncipe Jorge de Cambridge, nacido el 22 de julio de 2013 en Londres y futuro rey de Inglaterra.

Su principal valor

El principal valor de este antiguo oficial de la Marina Real, destinado a una gran carrera militar hasta que su esposa ascendió al trono, es ser «el único hombre del mundo que trata a la reina como un ser humano, de igual a igual», afirmó una vez Lord Charteris, exsecretario privado de Su Majestad.

Según ha admitido, le hicieron falta años de tanteo y aprendizaje hasta encontrar su lugar en el corazón de los británicos, pero hoy disfruta de un índice de popularidad alto, como su esposa.

Un detalle curioso, una tribu de Vanuatu llegó a venerarlo como una divinidad relacionada con los espíritus del volcán Yasur.

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