Trump resucita el fantasma de la «masacre del sábado noche»

Su decisión de despedir de forma fulminante al hombre que investiga sus conexiones con Rusia genera una gran controversia en Estados Unidos y recuerda a lo que hizo Nixon durante el «Watergate»


La decisión de Donald Trump de despedir de forma fulminante al director del FBI ha causado un terremoto político en Estados Unidos. Salpicado por la polémica de los correos de Hillary Clinton, que pudo haber influido en las elecciones presidenciales de 2016, James Comey también lideraba una investigación sobre los posibles lazos de la campaña del magnate con Rusia.  

El anuncio del despido tuvo lugar tras hacerse público que Comey dio el miércoles 3, bajo juramento ante el Congreso de EE.UU., datos erróneos sobre la investigación de los correos, que reabrió en octubre pasado, a escasos once días de las elecciones.

El día antes de la comparecencia de Comey, Trump escribió en la red social Twitter que el director del FBI era «lo mejor que le había ocurrido a Hillary Clinton».

Conocido por sus reacciones intempestivas, Trump conmocionó  a la clase política de Washington -que no esperaba el cese de Comey- al adoptar una decisión sin precedentes desde 1993, cuando el entonces presidente de EE.UU., el demócrata Bill Clinton, destituyó a William Sessions como jefe del FBI.

«La masacre del Sábado Noche»

La medida evocó también la llamada «Masacre del Sábado Noche», cuando Richard Nixon ordenó el 20 de octubre de 1973 el despido del fiscal especial Archibald Cox, encargado del caso «Watergate», que en 1974 le convirtió en el único presidente de Estados Unidos en presentar la dimisión.

«Este es un momento extraordinario en la historia estadounidense. (...) Es un grotesco abuso de poder del presidente de EE.UU.», aseveró el experto en asuntos legales de la cadena CNN Jeffrey Toobin, al asemejar el cese de Comey a la destitución de Cox.

La oposición también criticó duramente a Trump y el líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, exigió la designación inmediata de un fiscal especial independiente que dirija la investigación de los vínculos de la campaña de Trump y el Kremlin.

«Esto es nixoniano», espetó el senador demócrata Bob Casey en referencia a Nixon, en tanto que el presidente del Comité Nacional Demócrata (DNC), Tom Pérez, tildó el despido de «vergonzoso abuso de poder».

Igualmente llegaron reproches desde algunos correligionarios republicanos de Trump, como el senador John McCain, que se declaró «decepcionado» por la destitución de Comey, a quien definió como «un hombre de honor e integridad».

Mientras el mundillo político de Washington era un hervidero, Comey cancelaba una intervención en un acto en Los Ángeles, tras recibir «por sorpresa» y «desprevenido» la decisión del presidente, comentó una fuente del FBI al diario Los Angeles Times.

El escándalo de los correos electrónicos marcó la campaña electoral del año pasado y la propia Hillary Clinton llegó a culpar a Comey de su derrota en los comicios, que ganó Trump, por volver a suscitar dudas sobre su conducta a pocos días de la votación.

En su comparecencia ante un comité del Senado la semana pasada, James Comey aseguró sentir «náuseas» al pensar que su investigación a Clinton pudo impactar en el resultado de las elecciones.

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