Los iraníes apoyan de forma masiva en las urnas el aperturismo de Rohaní
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El presidente advierte a sus enemigos en la región que no aceptará amenazas
21 may 2017 . Actualizado a las 09:51 h.Los seguidores de Hasán Rohaní, sobre todo los más jóvenes, no tardaron en echarse a las calles de varias ciudades de Irán para festejar su victoria en las urnas. La fiesta de reformistas y moderados estalló tras conocerse de forma oficial que el clérigo había arrasado en los comicios presidenciales del viernes en los que «el pueblo de Irán ha demostrado con su voto que quiere la interacción con todo el mundo», según declaró el propio Rohaní en su discurso de victoria ante las cámaras de la televisión nacional. El presidente reelecto envió también un mensaje a sus enemigos en la región para advertirles de que su deseo es «vivir en paz», aunque «no acepta la amenaza».
Los iraníes se volcaron en las urnas para otorgar su confianza a este religioso de 68 años y pedirle con sus votos que siga adelante con la línea aperturista de los últimos cuatro años hacia Occidente y trate de lograr mayores libertades personales en la república islámica, una tarea que se antoja más complicada aún que la firma del acuerdo atómico. El clérigo moderado obtuvo el 57 % de los votos en una jornada que registró una participación del 73 %, según los datos ofrecidos por el Ministerio del Interior. Su más serio oponente, el también clérigo Ebrahim Raisi, alcanzó el 38,5 % de los sufragios y cosechó una nueva derrota electoral para el campo ultraconservador, que pese a gozar del apoyo de la cúpula del régimen se aleja día a día del Irán más urbanita, que no quiere ni oír hablar de una vuelta a una etapa como la de Mahmud Ahmadineyad. Los otros dos candidatos en liza, el reformista Mostafa Hashemitaba y el conservador Mostafa Mirsalim, obtuvieron muy pocos apoyos.
En total 23,5 millones de iraníes, cinco millones más que en 2013, votaron por Rohaní con la esperanza de que el pacto nuclear se mantenga y logre además levantar el resto de sanciones que la comunidad internacional impone a Irán. La mejora de la economía es un sueño para el iraní medio que, pese al levantamiento de las sanciones en 2015, sigue sin notar el efecto en su bolsillo. El crecimiento económico de Irán se situó en el 8 % el año pasado y Rohaní ha logrado reducir la inflación de un 44 % a un 30 %, pero el desempleo subió dos puntos, hasta el 12 %, y afecta a un tercio de los jóvenes.
El Líder Supremo, Alí Jamenéi, declaró que el auténtico ganador es «el pueblo y el sistema de la República Islámica», sin citar al reelegido mandatario. Como en cada elección, el sistema necesita legitimarse con una gran participación y lo volvió a lograr en una jornada en la que «el Irán islámico de nuevo arrasó a los malquerientes, los envidiosos y los rencorosos» y mostró al mundo su «voluntad nacional», según Jamenéi, la persona que tiene la última palabra en el país, por encima del presidente.
Rohaní ha salido muy reforzado pero, como le ocurrió al reformista Mohamed Jatamí en su segunda legislatura, afronta ahora el enorme reto de maniobrar entre la ansiedad de cambios de sus votantes y la mano dura reclamada desde el sector ultraconservador, que sigue teniendo en su poder todo el aparato de seguridad y la judicatura.
El clérigo diplomático: cabeza morada, pies verdes
Hasán Rohaní tiene la confianza de los iraníes para seguir otros cuatro años como presidente. El pacto nuclear de 2015 es su principal argumento, pero no es el primero que sella con Occidente. Este religioso de 68 años ya fue negociador nuclear de Irán entre 2003 y 2005, durante el mandato de Mohamed Jatamí, y entonces también logró un pacto para congelar la actividad atómica de forma temporal, lo que le sirvió para pasar a ser conocido como el «clérigo diplomático». Su pragmatismo vuelve a triunfar y por eso ha obtenido 23,5 millones de votos.
Aunque se aleja de la etiqueta de «reformista» y se presenta como «moderado», tiene el respaldo de los líderes del reformismo, Mehdi Kerrubi y Mir Husein Musavi, en arresto domiciliario desde 2009, y del ex presidente Jatamí, apartado de la vida política por el régimen. Y aunque su color de campaña es el morado, sus votantes son los que salieron a las calles hace ocho años en la conocida revuelta verde de protesta por la polémica reelección de Mahmud Ahmadineyad.
Su discurso se basa en la mejora de relaciones con Occidente, sobre todo para acabar con unas sanciones que habían hundido la economía, y cierto aperturismo en la política doméstica, pero siempre dentro de los límites de la república islámica, porque Rohaní es un hombre del régimen. La etiqueta «reformista» o «moderado» no significa que vaya a salirse de los límites de un sistema muy conservador en el que ha ocupado diversos cargos parlamentarios, en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y en la Asamblea de Expertos.
Su perfil es muy diferente al de Ahmadineyad o Ebrahim Raisí, ambos de corte ultraconservador, y eso le ha servido para poner en marcha un cambio en las formas de la república islámica. El fondo será más complicado de modificar.
Tillerson pide al mandatario que detenga las pruebas de misiles
El ministro de Exteriores y mano derecha de Rohaní en todo el proceso de diálogo nuclear, Mohamed Javad Zarif, siguió el ejemplo del Líder y en su cuenta de Instagram colgó un mensaje de agradecimiento «a todo el pueblo persa por su participación masiva e inteligente en las elecciones presidenciales, que garantiza, una vez más, la grandeza, la seguridad y la dignidad de la República Islámica de Irán». Zarif volverá a ser una pieza clave para la política exterior del régimen y le tocará lidiar con la nueva Administración estadounidense, que ya se ha pronunciado a través del secretario de Estado Rex Tillerson, quien instó desde Arabia Saudí al recién reelegido presidente a que desmantele la «red de terrorismo de Irán» y que detenga las pruebas de misiles balísticos.