Rapapolvo de Trump a los socios de la UE por su timorato gasto en defensa

La visita no zanja el abismo sobre Rusia y en materia de comercio y cambio climático


Bruselas / Corresponsal

Los peores presagios se cumplieron para Europa. El presidente de EE.UU., Donald Trump, acudió este jueves por primera vez a la sede de la OTAN y lo hizo con una sola idea en mente: pasar factura a sus socios europeos.

Bruselas lo recibió con abucheos y manifestaciones: «No eres bienvenido», rezaban algunas pancartas situadas en plazas emblemáticas. Un tono hostil que se contagió al discurso del norteamericano quien, lejos de mostrar sutileza y diplomacia, ajenas a su temperamento, compareció ante los líderes de la OTAN con un lenguaje deshilvanado y acusatorio para exigir a los 21 países de la UE que forman parte de la alianza que arrimen el hombro.

Las cosas no arrancaron con buen pie. Los líderes europeos tuvieron que contentarse con tener su primer encuentro con Trump en el marco de la OTAN,, una elección nada casual. El estadounidense ha querido dejar claro que su interés por la UE se ciñe a la defensa. Lo comprobaron en sus carnes el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, y el del Consejo, Donald Tusk, quienes admitieron que más allá de la seguridad, no existen intereses en común con el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Ni comercio, ni cambio climático ni las relaciones con Rusia. La distancia entre Washington y Bruselas es inabarcable a día de hoy. «Hay grandes divergencias entre los dos bloques», reconoció el luxemburgués al término de la reunión en la sede del Consejo en la que Trump sí dejó entrever su preocupación por la pérdida de empleos que puede generar el brexit. El polaco trató de salvar los muebles apelando a los «valores y principios comunes» de Occidente, un recurso de emergencia para situaciones incómodas. 

Lo peor estaba por venir. A su llegada a la nueva sede de la OTAN, Trump soltó la primera pulla: «No voy a preguntar cuánto ha costado este edificio (1.120 millones de euros), pero es estupendo». Un dardo que deslizó justo antes de empezar a airear los trapos sucios de la alianza en pleno discurso inaugural a costa de la menguante inversión en defensa de sus aliados. Tras un minuto de silencio en recuerdo a las víctimas del atentado en Mánchester, Trump rompió el mutismo con un «gracias, es una cosa terrible», y empezó el inusitado rapapolvo.

Sus palabras generaron cruces de miradas incrédulas entre los líderes europeos. Ninguno se mostró cómodo, empezando por la canciller Angela Merkel, quien advirtió este jueves que, aunque la OTAN se haya visto forzada a sumarse a la coalición internacional contra el Estado Islámico para contentar a Trump, su país no hará nuevas aportaciones ni participará en combates sobre el territorio. El magnate leyó la cartilla a los aliados y les reprochó que hayan utilizado a los contribuyentes estadounidenses para protegerse.

«Hasta 23 de los 28 Estados de la OTAN no gastan lo que deben. Es injusto para los estadounidenses», denunció antes de recordarles que hay países que «deben cantidades masivas de dinero». Y de nuevo salió a relucir la sacrosanta cifra del 2% el PIB en gasto militar «esencial para luchar contra el terrorismo». Trump se despachó a gusto a sabiendas de que su principal demanda ya había sido admitida, arrinconando las reticencias de Italia, Francia y Alemania. Solo el primer ministro belga, Charles Michel, tomó el guante y respondió al norteamericano, quien despreció a la OTAN en campaña: «Los valores de la OTAN no están obsoletos». El secretario general de la organización, Jens Stoltenberg, también quiso recordar a Trump que los europeos fueron los primeros en acudir a la llamada de defensa colectiva, activada por primera vez en la historia tras los atentados del 11-S en Nueva York.

Apretón de manos con Rajoy

Primer encuentro entre Mariano Rajoy y Trump en la sede de la OTAN. Tras un fuerte apretón de manos con el que el estadounidense tiene acostumbrados a sus socios, ambos intercambiaron unas palabras de saludo. Fue un encuentro breve y «caluroso» según fuentes gubernamentales, no lo suficientemente cordial para evitar volver a Madrid con una invitación para visitar la Casa Blanca todavía por formalizar. 

El único que consiguió verdaderamente mantener cautiva la atención de Trump más de tres minutos fue Macron. El liberal defiende todo aquello que el magnate aborrece: libre mercado, políticas sociales inclusivas, fronteras abiertas y una visión de la UE unida e integrada. Nadie diría que ambos encontrarían un terreno común en el que entenderse. Sin embargo, el francés admitió que la conversación discurrió de forma muy «pragmática, franca y directa».

La OTAN pondrá en marcha una nueva célula de inteligencia antiterrorista

«Hay mucho en juego. Se trata de nuestra seguridad en un mundo cada vez más incierto». Con estas palabras el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, trató de convencer ayer a la opinión pública de la imperiosa necesidad de poner en marcha el plan de acción contra el terrorismo que los aliados han alumbrado solo dos días después de que el yihadismo golpease de forma brutal al Reino Unido. «Se trata de un mensaje político muy fuerte de unidad y compromiso», aseguró el noruego antes de explicar en qué consistirá la nueva estrategia de la OTAN.

La primera pata del plan es la incorporación de la Alianza Atlántica a la coalición internacional contra el Estado Islámico, como adelantó este jueves La Voz. En la práctica los socios se comprometen a aumentar los vuelos AWACS, el reabastecimiento aéreo y las misiones de reconocimiento. Eso sí, no habrá intervenciones en Siria o Irak: «Esto no significa que la OTAN se vaya a enrolar en operaciones de combate», aclaró el noruego. 

Aunque la decisión de involucrar a la OTAN en la coalición ha sido tremendamente polémica, la medida está encaminada a aplacar la ira del presidente Trump, quien se quejó en múltiples ocasiones de que los países europeos siempre trabajan a remolque en la lucha contra el terrorismo.

Información aliada

Por si quedaban dudas del compromiso de la organización, Stoltenberg anunció ayer que los socios concentrarán sus esfuerzos en la puesta en marcha de una nueva célula de inteligencia contraterrorista dentro de los cuarteles de la OTAN en Bruselas para «integrar» toda la información de los aliados. Un proyecto que, a priori, discurrirá de forma paralela a la célula de Europol que ya trata de coordinar, todavía sin éxito, a los servicios de inteligencia de los 28. El objetivo de esta unidad será la de recopilar e intercambiar información sobre combatientes extranjeros, desplazamientos de sospechosos yihadistas o fuentes de financiación del terrorismo. 

El plan establece además la creación de un sistema de reparto justo del esfuerzo militare, una exigencia de Washington. Todos los aliados estarán obligados a desarrollar planes anuales de inversión en defensa y seguridad y rendir cuentas ante la Alianza, que se ha propuesto conseguir que todos gasten por lo menor un 2% de su PIB en este terreno para el 2025.

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